Territorio Lector

Porno religioso improvisado, Laura Lee Bahr

Reseña de Yolanda López Aguinaga.

TÍTULO ORIGINAL:  Long-Form religious porn

IDIOMA ORIGINAL: Inglés

PRIMERA EDICIÓN EN ESPAÑOL: Orciny Press, julio 2018. 188 páginas.

TRADUCTOR: Hugo Camacho.

OTROS LIBROS RELACIONADOS:

  • Fantasma, Laura Lee Bahr. Orciny Press, junio 2015. 292 páginas.

Segunda novela de Lee Bahr que me echo al coleto, después de la impecable Fantasma, mi gran descubrimiento del 2017. No solo se alzó con el premio —honorífico— de «libro del año de esta no muy santa casa», sino que me abrió el camino hacia el catálogo de Orciny y su nada convencional apuesta por la literatura «bizarra».

¿Qué invento es esto del bizarro? Según la RAE ya sabéis: valiente y arriesgado. Pero no falta mucho, creo yo, para que un día de estos recojan la acepción con la que la mayoría del populacho usamos el término, calco semántico del bizarre francés o inglés. En palabras de la editorial, el bizarro es el género de «lo extraño, el equivalente literario a la sección de culto de un videoclub, a veces surrealista, a veces vanguardista, a veces sangriento, a veces al borde de la pornografía, y casi siempre una ida de olla. El bizarro no solo se esfuerza en ser extraño, sino también fascinante. Suele tener cierta lógica de dibujos animados en la que lo grotesco se convierte en normal y lo absurdo toma cuerpo». Porno religioso improvisado encaja perfectamente en esta lista de características. Salvo bordear al porno. No bordea el porno, se tira de cabeza dentro de la marmita.

Sobre la trama: La protagonista, Madeline, es una joven aspirante a directora intentando conseguir financiación para rodar su primer largometraje independiente. El film va a recrear la vida de una joven estudiante de psicología, Dominique, que en su último año de carrera descubre una cierta afición por el sexo dominatrix y rebanar pescuezos de sus amantes y parejas. Madeline, para hacer avanzar su ambicioso proyecto, ansía conseguir como protagonista a George Clooney; aunque mientras confía en poder llamar su atención de alguna manera, lidia con los cambios de guion propuestos por la actriz principal, una tiparraca bastante impertinente, y el intento de apartar a su mejor amigo de una secta vampírica.

Dicho así parece todo un gran disparate y ahí entra en juego la magia de lo bizarro: que es un gran disparate, sí. Un gigantesco disparate… que funciona. Gracias a dos elementos fundamentales que creo que la autora maneja con gran acierto:

  • Puntos de vista de personaje. Cuando me encuentro con historias en las que para aportar varios puntos de vista se recurre al socorrido recurso de cambiar de persona gramatical no puedo evitar pensar que posiblemente la historia no esté bien planteada. —He sido muy generosa con el «posiblemente». — No hace falta cambiar de persona gramatical para mostrar puntos de vista de diferentes personajes a la vez que se hace avanzar la acción, solo hace falta enfocarla en los puntos de vista de los personajes dominando bien al narrador elegido. Aporta una sensación de cohesión interna maravillosa, a pesar de la distancia entre los personajes principales. 
  • Estructura narrativa. Digamos que si el narrador múltiple es de vagos literarios, el avance lineal es cobardes. Una historia gana muchísimo si la manera de contarla superpone planos y conecta en los puntos concretos que enlazan a los diferentes personajes. El trabajo de estructura, el andamiaje oculto desplegado en Fantasma, la anterior novela de Bahr, es una auténtica maravilla, una virguería. Se trata de un librojuego donde no hay que tomar opciones porque todas se desarrollan y muestran una determinada vertiente de la historia a contar. Porno religioso no presenta una estructura tan compleja como Fantasma, pero sí maneja dos juegos de personajes en dos tiempos y espacios diferentes que sabe conectar e intercalar en los momentos precisos para que la novela tenga una fluidez de lectura increíblemente ágil, sin transiciones abruptas ni disrupciones molestas. En el caso de Fantasma, digamos que la «cara vista» del andamiaje era una prosa melancólica, el lamento dolido de un alma en pena. En Porno religioso el registro cambia y el tono es sobre todo humorístico con diferentes graduaciones a lo largo de la novela, desde lo soez a la ironía más sutil.

Si le tuviera que poner alguna pega al  libro es que carece de algo que a mí siempre me encanta que me echen de comer. No es un fallo en sí, pero yo, sin elemento fantástico o sobrenatural por en medio, no me termino de encontrar en mi ser. El plato está rico pero le falta ese regustillo que me gusta a mí encontrarme en todas las salsas.

De cualquier modo, virtudes no le faltan para tomar buenas posiciones en las nominaciones de «libro del año de esta no muy santa casa», competición que va a estar muy reñida, me temo, entre Lee Bahr, Nieves Mories y Mariana Enríquez, de las que iré hablando en siguientes entradas.

…y tanto que va a estar reñido este año… Celsius 2018: Girl Power!

 

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