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El alumbrado, un relato de Yolanda Fernández Benito

Luces de navidadYa no recordaban a quién se le ocurrió la idea, pero toda la ciudad la acogió con ilusión. Querían dar visibilidad a aquella pequeña capital de provincia. Que en todos los rincones de España y, por qué no, en parte del extranjero se hablase, aunque solo fuese por unas horas, de su querida ciudad. Después de muchas reuniones, encuestas y debates llegaron a la conclusión de que lo más efectivo para conseguir su propósito sería deslumbrar al mundo con una espectacular iluminación de Navidad. Destinaron hasta el último euro del presupuesto municipal en el diseño y montaje de toneladas de luces LED que iluminarían hasta el último rincón. Todos los paisanos del municipio, en la medida de sus posibilidades, colaboraron en la creación de aquella deslumbrante obra de ingeniería lumínica.

Gracias a la publicidad institucional y la difusión en redes sociales consiguieron que el día del encendido la ciudad fuese el principal punto de interés de todos los medios de comunicación. Por fin las calles y plazas estaban a rebosar, llenas de aquellos turistas que tanto ansiaban atraer. Cuando a las 20:30 se encendió el alumbrado, todos los habitantes de la ciudad se sintieron orgullosos del resultado, viendo recompensados sus esfuerzos. Murieron aplaudiendo y felices sin llegar a saber el alcance de la proeza que habían conseguido ni que el resto del mundo les recordaría con orgullo por siempre jamás.

En aquel preciso instante en que el alcalde de aquel pequeño núcleo urbano accionaba el botón de encendido del alumbrado, la flota de combate del planeta K7, de una galaxia tan desconocida como su propia ciudad, iniciaba un ataque masivo con el único objetivo de destruir la vida en la tierra.

Cientos de naves nodriza, que nuestros radares más sofisticados no habían detectado, rodearon nuestro querido planeta. Con sus cañones apuntando a las ciudades más pobladas de los cinco continentes. Como más tarde descubriríamos, su letal plan pasaba por destruir los centros neurálgicos del planeta en una primera fase para luego acabar con los asentamientos más reducidos.

Aquel día a las 20:31 horas los rayos fototérmicos fueron lanzados logrando su objetivo en cuatro de los cinco continentes. Los sensores de los cañones, programados para disparar a los centros europeos más iluminados, recalcularon sus objetivos al percibir el fogonazo de luz surgido en aquel diminuto punto del globo. En menos de diez segundos la ciudad y sus alrededores fueron borrados del mapa.

Gracias al sacrificio de aquellos valientes, Europa tuvo tiempo de organizar la defensa contra los invasores. Ya llevamos diez años luchando y viviendo bajo tierra, en la más absoluta oscuridad para evitar ser detectados, pero cada 6 de diciembre seguimos honrando a los habitantes de «Ciudad Luz», como se la conoce desde entonces.

A las 20:30 horas y durante diez segundos encendemos nuestras lamparillas de aceite en su honor.

2 comentarios en “El alumbrado, un relato de Yolanda Fernández Benito”

  1. Yolanda ha conseguido que este año me lo piense dos veces antes de encender las luces del árbol de Navidad.
    ¡Ni Greta Thunberg!

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