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Hay que ser más listo que el jefe, un relato de Marco Granado

En el piso, algunos llevan tantas horas puestos de todo tipo de drogas, o simplemente borrachos, que aún no se han enterado. Al fin y al cabo ha coincidido con Nochevieja. Lorena coge su abrigo y sale a dar una vuelta. Los que sí saben de qué va han empezado a desnudarse y ella aún no tiene el cuerpo para eso. Cierra la puerta, se silencian las voces y la música queda reducida a los golpes rítmicos del bombo y el bajo. El descansillo es un oasis de paz.

Decenas de personas se cruzan por la calle. Unas, desorientadas, con botellas en las manos, los abrigos abiertos pese al vaho que sale de sus bocas. Un matrimonio con un niño de apenas cuatro años caminan rápido hacia algún sitio, los tres cargan maletas pesadas que les obligan a andar torcidos para compensar el peso. Hay gente tirada en el suelo, sentada en los portales o recostada contra la pared de los edificios. Un coche da un volantazo para esquivar a un hombre parado en medio de la calzada, traje y corbata y los brazos en cruz. La mujer que conduce acelera tan pronto lo sobrepasa.

—Eh, vieja, es el Armagedón —le grita a Lorena un quinceañero—. ¿No te habías enterado? Sigue leyendo «Hay que ser más listo que el jefe, un relato de Marco Granado»

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