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Siempre nos quedará Venecia, un relato de Manuel J. Linares

A las pocas semanas de empezar a salir ya sabían que estaban hechos el uno para el otro. Pocos meses después se fueron a vivir juntos, pero la precariedad laboral apenas les permitía darse alguna que otra pequeña alegría. Trabajos de mierda para dos enamorados. Cuando les tocó aquel premio en la lotería decidieron que harían un viaje. Un viaje de verdad, fuera de España. Algo para recordar toda la vida.

Por supuesto el destino tenía que ser Venecia. A Rosa le hacía especial ilusión recorrer sus calles anegadas y disfrutar de un romántico paseo por los canales, tal como lo había visto tantas veces en las pelis. Y ahora por fin estaban allí. Juntos y emocionados.

Deambularon despreocupados por las calles vacías, maravillándose ante la serena belleza de la ciudad. Una luz extraña y cambiante iluminaba difusamente edificios y monumentos, ocultando y mostrando alternativamente sombras y rincones turbadores, que destilaban sabiduría y sugerían historias magníficas y terribles ocurridas hacía muchos siglos. Todo era perfecto, tal como siempre se habían imaginado. Eran los turistas más felices de la historia.

Casi al final de la excursión, Roberto notó en su pulsera la vibración de la alarma de los cinco últimos minutos y decidió que aquel era el mejor momento. Sacó una cajita de uno de los bolsillos de su chaqueta, y doblando la rodilla la abrió y se la ofreció. Rosa tomó emocionada el anillo y se lo puso en su mano enguantada. Siempre recordarían aquel interminable y apasionado beso en la Piazza San Marco, entrelazando sus cuerpos mientras el torbellino de burbujas de aire de sus respiradores les envolvía ruidosamente.

Cuando no pudieron aguantar más volvieron a ajustarse las boquillas, se engancharon a la cuerda de seguridad y comenzaron lentamente a subir hacia la superficie sin dejar de mirarse a los ojos a través de las máscaras de buceo. No tenían ninguna prisa en ascender los veinte metros hasta la lancha que los esperaba en la superficie. Querían apurar aquel momento mágico. ¿Podía haber algo más romántico que comprometerse en Venecia? Además estaba el pequeño detalle de la descompresión. No sería muy práctico organizar una boda si alguno de los dos llegase a sufrir una embolia.

#muerodeamorCYLCON

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