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El viaje del héroe, un artículo de Yolanda López Aguinaga

#viajeconnosotrosCYLCON vs #YoMeQuedoEnCasa

FIGHT!

Hemos tenido el maldito don de la oportunidad con la elección del tema del mes, ¿a que sí? De todos modos para el viaje del que voy a escribir, como diría mi abuelo, «no hacen falta alforjas».  Hablamos del archifamoso «viaje del héroe». Se trata de una estructura narrativa que subyace en cientos, miles de historias tan celebérrimas como Matrix, Braveheart, El señor de los anillos e incluso en la vida de Jesucristo (sí, hasta ahí se pueden reconocer las etapas del viaje). Si hasta ahora alguien no se había fijado, este artículo va a tener el efecto «no pienses en osos polares»: a partir de ahora no podréis hacer otra cosa más que pensar en osos polares y buscar en cualquier narrativa al azar las etapas del viaje del héroe.

El «monomito» o mito único, también conocido como viaje o «periplo del héroe», es un término acuñado por el antropólogo estadounidense Joseph Campbell para definir el modelo básico de muchos relatos épicos de todo el mundo. Campbell analiza este patrón en El héroe de las mil caras (1949) y sostiene la teoría de que todos los héroes míticos de diferentes culturas comparten una estructura en el desarrollo de las historias que protagonizan. Campbell organiza el arco narrativo del héroe en diecisiete puntos, y antes de proceder a explicar cada uno brevemente advierto que aludiré a momentos muy concretos de cierta película que asumo que todo el mundo ha visto.

Es decir, que si alguien a día de hoy no sabe que el Titanic se hunde, que a Jesucristo lo crucifican, que Jeckyll y Hyde son el mismo tipo, o que Bruce Willis está muerto lo siento en el alma: hoy no es su día de suerte a la hora de comerse spoilers.

1. La salida de «el mundo ordinario»

La llamada a la aventura. Uno está tranquilamente en su casa, sin meterse con nadie, y de repente llega alguien y te cuenta no sé qué de pastillas rojas y azules… ¿esto qué es, el viaje o el tripi del héroe?
El rechazo de la llamada. «Para pastillas, las que te has tenido que meter tú… anda por ahí a chiflar a la farola…»
La ayuda sobrenatural: El héroe se cae del guindo (a veces hay que empujarle un poco…) y se da cuenta de que el tarado ese va en serio.
El cruce del primer umbral. «¡Yuju! ¡Mira cómo hago kun-fú! ¡Esta mierda engancha!»
El vientre de la ballena. «¿Hacía falta darme este pedazo de bofetón en pleno momento de subidón-subidón?» Spoiler: SÍ.

En otras formulaciones aquí es donde se encuentra lo que denominan «el mentor», que no es otra que la figura a la que cariñosamente me he referido como «tarado».

2. La iniciación. O como yo lo llamo: «Ahora es cuando te vas a cagar de verdad, colega.» Porque el viaje del héroe, sea físico o no, implica una transformación del personaje a través de la superación de pruebas.

Las pruebas. Normalmente se agrupan de tres en tres e incluyen fracasos que hacer al héroe dudar de sus capacidades.
El encuentro con la diosa. El héroe necesita entonces que alguien le haga «ea, ea, ya pasó, ya pasó», es decir, un encuentro con una fuente de poder que le aguante la tontería le consuele y reafirme.
La mujer tentadora. La mujer en realidad es una metáfora de cualquier cosa que le haga a nuestro héroe pensar «quién me mandaría a mí meterme en fregados, con lo bien que estaba yo en mi puta casa» o le haga plantearse el abandono de la misión en favor de la comodidad o el placer. Lo importante es que, de nuevo, la determinación del héroe se tambalee.
La reconciliación con el padre. Este paso representa la confrontación con la figura de mayor poder, que de nuevo metafóricamente, se simboliza con el padre. Es una especie de pulso del héroe contra aquello que supone su mayor reto personal. De nuevo, hay que entender este paso de forma no literal. Porque lo que es literalmente la reconciliación con el padre puede conllevar forrarlo a hostias.
La apoteosis. El héroe resuelve el pulso. No necesariamente para bien: el héroe en este pulso muere, de forma física o simbólica. Representa el culmen de la transformación del personaje, que ya no volverá a ser el mismo.
El don. «Ven aquí un momento, Smith, que te voy a contar cuatro cosas yo, si no te importa…». Como recompensa a la catarsis el héroe renacido cuenta con un don o poder, que puede ser algo inmaterial (sabiduría), un objeto sagrado, la concesión de una gracia, etc.

Ay, Matrix, esa peliculita a la que en su momento la crítica machacó porque «eran dos cuartillas de guion y lo demás tiros y patadas». Bueno, a lo mejor es verdad que solo eran dos cuartillas, pero creo que muy bien aprovechadas.

3. El regreso.

La negativa al regreso. A menudo el héroe se puede sentir ya tan desapegado del hogar que volver al mundo ordinario no le resulte especialmente motivador.
El vuelo mágico. Esto representa una especie de huida si el don adquirido de alguna manera ha sido raptado o sustraído y hay que poner pies en polvorosa. Típico de mortales mangándoles cosas a los dioses.
El rescate exterior. La ayuda que recibe el héroe en ese momento en el cual está herido o muy debilitado y sin intervención de un rescate seguramente pencaría.
El cruce del umbral de retorno. El camino inverso al cruce del primer umbral, el reencuentro con lo que el héroe abandonó, o lo que queda de ello.
El maestro de los dos mundos. La aceptación, el sentimiento de comodidad (¿y una cierta superioridad?) sobre los que no han vivido el viaje y por lo tanto no cuentan con la sabiduría del héroe.
La libertad para vivir. El momento zen en el que el héroe siente alcanzado el sentido pleno de su vida, simbolizada por la pérdida del miedo a la muerte.

Bien decía la crítica lo de las dos cuartillas, la tercera se la ahorraron. En Matrix el arco del regreso no está presente, pero es que no tiene por qué estarlo. Estos diecisiete puntos son los describe Campbell; sin embargo, hay versiones algo más ligeras de esta estructura. Buscando en internet, la mayoría de artículos sobre este tema incluyen solo doce pasos. Esto se debe a que posteriormente a Campbell varios los autores han revisado esta estructura y dado su propia formulación. La variante de doce etapas de Chris Vogler (El viaje del escritor, 2002) es muy común en cursos de escritura de guion y la vemos a menudo en el cine. Que seguro que no tiene nada que ver con que doce sea múltiplo de tres; pero de paradigmas, triadas y funciones de Propp ya hablaremos otro día.

No sé si alguien mientras leía ha notado el tufillo patriarcal que destila esto del monomito. Enhorabuena a los espabilados y espabiladas. El llamado «sesgo masculino» es una de las críticas principales (entre otras) de los detractores de Campbell. Empezando por el viaje del héroe (no de la heroína) y del papel que juegan la diosa y la mujer como facilitadora y tentadora, es decir, como elementos de palanca para el desarrollo principal del héroe. Varón, claro, igual que la representación del gran poder. En descargo de Campbell puedo argumentar, además de la época en al que fue escrito el libro, es que a mí no se me hubiera ocurrido ver este arco en el personaje de Rose en Titanic ―por ejemplo― y resulta que ahí está: Podcast del diluvio. Multitud de personajes, tanto masculinos como femeninos, si les acercamos la lupa y sacamos el bisturí para diseccionarlos nos mostrarán por dentro su viaje, con más o menos etapas. Así que tal vez el problema no es que no haya «viajes de heroínas», si no que no nos fijamos lo suficiente a no ser que la cosa sea tan obvia que te salte a los ojos.

Hola, chicas Stark

Dicho esto, creo que ya andará más de una persona por ahí no pensando en osos polares. ¿Cuáles son vuestros «viajes del héroe» favoritos? ¡Esperamos vuestros comentarios!

5 comentarios en “El viaje del héroe, un artículo de Yolanda López Aguinaga”

  1. Maravilloso artículo, Yolanda. Muy didáctico y divertido.
    Se me ocurren varios “viajes del héroe” más, cada uno con sus variantes: Harry Potter, Terramar…
    Y comparto lo que comentas sobre el “machocentrismo” imperante. Me cuesta pensar en viajes de heroínas. ¿Alguna pista, para orientar lecturas? (Wonder Woman ya la he visto)

    Le gusta a 1 persona

    1. Me alegro de que te haya gustado el artículo, Marco. En cuanto a los personajes femeninos, es cierto que cuesta encontrarlos. Para empezar, tradicionalmente no abundan los roles femeninos principales en las narrativas épicas. Pero los tiempos cambian y serguro que poco a poco vamos viendo más. Yo estaré atenta. Me gustan los osos polares. 🙂 Gracias por leer y comentar.

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