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Programa Especial (I), un relato de Marco Granado

#altercerdiaCYLCON

Sobre una pantalla en negro, en la esquina superior izquierda, el texto: «Solo adultos. Contenido sexual explícito. Violencia. Ataques a la religión».

Entra sintonía. La cámara sobrevuela desde atrás al público del plató, que aplaude. Al fondo, una gran pantalla led. En el escenario, dos pequeños sofás a la izquierda de un escritorio de cristal con un ordenador portátil. Sobreimpresionada, carátula: «El show de Charlize Evans». Voz del locutor: «Con todos ustedes, Charlize Evans». La presentadora aparece por el lateral derecho. Viste blazer azul marino, pantalón pitillo a juego, blusa y zapatillas blancas. Saluda al público, que jalea su entrada. Llega hasta la marca para la introducción. Fuera sintonía. Hace un gesto, con las palmas de las manos hacia abajo. Rótulo para el público: «silencio».

CHARLIZE: Gracias, gracias. Buenas noches a todos. (Aguarda a que cesen los aplausos). Hoy tenemos en UCN Televisión un programa muy especial. Vamos a tratar el ascenso y la caída de Nathaniel Crow, más conocido como Nat Ashas, autoproclamado «Profeta del Pueblo» y cabeza de la Iglesia de la Nueva Era. Veremos la última entrevista que se le realizó, en el corredor de la muerte. Pero antes, nuestra reportera Jessica Portman está ahora en directo, en el cementerio Captain Joe Byrd de Hunstville. Hola, Jessica. ¿Cómo va todo por ahí?

Aparece en la pantalla la reportera, de pie entre cruces y lápidas de piedra desgastada. Sujeta un micrófono y la ilumina el foco de la cámara. A su lado, un policía, sombrero tejano y la estrella de sheriff en el pecho. El césped está alto y descuidado, con calvas de arena. Unos metros por detrás, algunos curiosos la observan y grupos de tres o cuatro personas vagan sin rumbo aparente. Más atrás, veinte o treinta policías charlan entre ellos o controlan con la vista a los visitantes. El sol se ha puesto ya, pero aún queda algo de claridad.

JESSICA: Hola, Charlize. Todo tranquilo por aquí. Hay unas doscientas personas congregadas aquí, junto a la tumba de Nat Ashas. Como saben nuestros espectadores, el Profeta del Pueblo profetizó que volvería a la vida a los tres días de su ejecución, dentro de cincuenta y tres minutos exactamente. Tenemos aquí al sheriff Thomas. Dígame, sheriff. ¿Prevén algún tipo de disturbios?

SHERIFF: Buenas noches. Hemos establecido un cordón de seguridad en torno a la lápida. Esperamos que no haya problemas, pero si alguien intenta pasarse de la raya actuaremos. Los ciudadanos pueden estar tranquilos.

JESSICA: Muchas gracias, sheriff. Como ves, Charlize, parece que la policía lo tiene todo controlado. Os iremos informando.

CHARLIZE: Gracias, Jessica. Volveremos a Hunstville. (Fin de la conexión. Carátula en la pantalla). Tenemos muchas novedades, reportajes, todo en directo. Empezaremos recibiendo a nuestros invitados de esta noche. Con ustedes, la profesora de antropología en la New York University, experta en sectas, doctora Margaret Owen.

Aplausos. Entra la doctora por el lado izquierdo de la pantalla. La presentadora acude a su encuentro, la besa y la invita a sentarse en el sofá más próximo al escritorio.

CHARLIZE: Y demos una calurosa bienvenida a nuestro compañero Hugh Callaghan.

Más aplausos, salpicados por voces y silbidos. El periodista, poco más de treinta años, tez morena y dientes blanquísimos, alza la mano y hace varias reverencias al público antes de besar a Charlize y sentarse en el sofá libre. La presentadora se coloca en su sillón tras el escritorio.

CHARLIZE: Bien, Margaret, Hugh. ¿Cómo estáis?

MARGARET: Muy bien. Encantada de que me hayas invitado.

HUGH: Maravillosamente. Algún día tendrás que explicarme cuál es tu secreto para atraer cada programa a un público tan especial.

Nuevos silbidos y aplausos. Se oye una voz de mujer que grita «guapo». Risas. El periodista une las manos y se inclina desde su asiento.

CHARLIZE: Esta noche vamos a hablar de Nat Ashas. Todos recordareis que fue ejecutado hace tres días en la silla eléctrica, a petición propia. También, la terrible negociación que mantuvo con las autoridades tras su detención, y que tuvo en jaque a todo el país.

HUGH: Algo difícil de olvidar. Pero, antes de nada, quiero transmitir mis condolencias a las familias afectadas. Todos rezamos por ellas. Ese episodio nos mostró la verdadera imagen de este individuo. Un fanático sin escrúpulos.

MARGARET: Y extraordinariamente inteligente. Permaneció en la sombra, acumulando dinero a espuertas…

CHARLIZE: Que nadie sabe adónde ha ido a parar.

MARGARET: Exactamente. Nat Ashas no llamó la atención del Gobierno o las autoridades hasta que él mismo decidió que había llegado el momento. La estructura de su iglesia, que sin duda utilizó para cometer sus delitos, permanece intacta. Que yo sepa, ninguno de sus seguidores ha sido detenido.

CHARLIZE: Esa fue uno de las condiciones que impuso. Se declaró culpable de todo y juró que nadie le había ayudado.

HUGH: Lo cual es bastante increíble, ¿no? Muchos americanos esperamos que los jueces tengan algo que decir al respecto.

CHARLIZE: Es muy interesante todo lo que estáis comentando, pero antes de seguir haremos un descanso. Después de una brevísima pausa publicitaria, veremos un reportaje que ha preparado el equipo del programa.

Sintonía y carátula. Entra publicidad.

Sintonía y carátula de inicio.

CHARLIZE: Gracias por seguir con nosotros. Estamos, en directo, en este programa especial sobre Nathaniel Crow, más conocido como Nat Ashas. Conectamos con Jessica Portman desde Hunstville. ¿Alguna novedad, Jessica?

JESSICA (en la pantalla): Todo sigue tranquilo en el cementerio Joe Byrd aunque, desde nuestra última conexión, el número de personas se ha multiplicado. Ahora mismo debe de haber en torno a seiscientas o setecientas personas aquí, y se ve venir a gente desde todas direcciones. No sabemos si se trata de curiosos o  seguidores de la Iglesia de la Nueva Era. Nadie lleva ningún signo, ninguna identificación. El sheriff, a través de megafonía, ha pedido a la gente que vuelva a sus casas, pero como puedes ver, nadie le hace caso.

La cámara hace un barrido. Ya es de noche. Hay personas de todo tipo: hombres y mujeres que parecen recién salidos de una oficina o con sombrero y botas de campo, parejas de ancianos, niños en brazos de sus padres que señalan a la cámara y hacen visera con la mano cuando les deslumbra el foco. Por uno u otro lado se observan más luces entre la gente, las cámaras de otros periodistas.

CHARLIZE: Gracias, Jessica. Avísanos si hay alguna novedad (se corta la conexión. Carátula en la pantalla). Antes de seguir con nuestros invitados, la doctora Owen y Hugh Callaghan, les había prometido que pasaríamos un excelente reportaje preparado por nuestro equipo. He de advertirles de que algunas escenas pueden resultar muy desagradables. Si alguno de ustedes es sensible, o hay niños viendo este programa, por favor, apaguen el televisor. El reportaje durará unos diez minutos, pueden sintonizarnos de nuevo pasado ese tiempo. Dentro reportaje.

Fotografía de Nat Ashas. Unos treinta años, pelo largo y moreno, sobre los hombros. Ojos verdes, grandes, maquillados. Está en un campo de hierba, descalzo, con camiseta y faldas blancas de lino. Detrás de él, una carpa. Hombres y mujeres llevan ropa similar, algunos con guantes y botas de trabajo. Las caras de los que están próximos están pixeladas.

VOZ EN OFF: Nathaniel Crow nació hace treinta y tres años en New York. De padre desconocido, fue adoptado por una familia después de que retiraran la custodia a su madre, una prostituta heroinómana (vídeo de Nathaniel jugando de niño en el jardín de una casa, con un guante de béisbol, al que siguen fotografías en las que aparece con distintas edades y lugares; en todos los casos, las personas a su alrededor aparecen pixeladas e irreconocibles). Tras acabar la High School, con notas mediocres, encuentra a su madre biológica, de la que ya no se separaría nunca, y abandona a sus padres adoptivos. Nathaniel adoptó el apellido de su madre y nunca volvió a tener contacto con ellos. Estos han solicitado que se respete su anonimato.

Tras el reencuentro con su madre hay un periodo oscuro, del que ni Nathaniel ni su entorno han dado nunca detalles (zoom sobre una fotografía de Nathaniel, hasta que solo quedan sus ojos). Consumo de drogas, altercados, vagabundeo, parece haber sido la tónica general durante esos años. Fue fichado en Massachusetts, Kansas, Idaho y California (varias fotografías de fichas policiales), aunque en todos los casos por delitos menores que se saldaron con multas pagadas en efectivo. Su madre y él viajaban siempre solos.

Al cumplir los treinta años adopta el nombre de Nat Ashas y funda la Iglesia de la Nueva Era, en Florida (aparece la carpa de la iglesia, en el campo, con decenas de fieles que se dirigen a ella; le siguen imágenes del líder entre sus acólitos, en el altar de su iglesia, todos, hombres y mujeres, ataviados con camiseta y faldas claras de lino o de algodón). Un primer grupo de fieles financia una carpa itinerante, con la que empieza a recorrer el país. Se hace famoso por algunas sanaciones, consideradas milagrosas, que atraen a personas de todos los estados para ser sanadas por el Profeta (Nat Ashas impone las manos a un hombre en silla de ruedas que se levanta y camina, entre la algarabía del público que le rodea). Pronto, sus ideas chocaron con la moral predominante (Imágenes de una televisión local: sobreimpresionado el nombre de Carnegie, Oklahoma. Un sheriff habla airadamente con Nat Ashas, que parece intentar apaciguarle, mientras los fieles montan la carpa en un descampado. El sheriff le tira al suelo, le esposa y se le lleva, sin que él presente resistencia). En las redes sociales empieza a vincularse a la Iglesia con consumo de drogas, orgías, satanismo y lavado de cerebro (vídeo tomado con un móvil, pixelados los rostros y las zonas sensibles, en el que un hombre penetra a una anciana sentada en una silla mientras otra mujer, joven, introduce algo en el ano del hombre). Algunos miembros de la iglesia son objeto de actos violentos (imágenes de la policía: un cuerpo cubierto con una sábana en el arcén de una carretera secundaria, una ambulancia y varios policías a su alrededor). Pese a todo, o quizás gracias a eso, la popularidad de Nat Ashas crece (el líder pasea abrazando y saludando a acólitos). Su cuenta en Twitter supera los dos millones de usuarios, con mensajes en los que apela al amor carnal, el respeto mutuo y la respuesta pacífica a los ataques que puedan sufrir. Crea su propia red social, «NewAge», a través de la que difunde vídeos públicos de sus actos, con una parte restringida a los socios en los que se promueven prácticas sexuales en grupo y la superación de las religiones tradicionales. El FBI relaciona a la Iglesia de la Nueva Era con episodios de vandalismo y violencia extrema hacia personas o poblaciones que les habían atacado o rechazado (se ve al sheriff de Carnegie en camilla, con un collarín y la cara marcada, que es subido a una ambulancia; imágenes de una pequeña iglesia ardiendo —subtitulado Iglesia Baptista de Castle Dale­—. Se congela la imagen).

CHARLIZE (que se ha adelantado hasta el borde del escenario): Nunca se les logró probar nada. Hasta que, hace apenas un mes, Nat Ashas instaló su carpa en Matador, Texas.

En la pantalla, el alcalde de Matador, Pat Smith.

ALCALDE SMITH: De la noche a la mañana montaron su carpa y sus tiendas a las afueras del pueblo, en los terrenos de un vecino. Los habían alquilado para una semana, por teléfono, por un buen precio. Eran cientos de personas, más gente de la que vivimos aquí. Los primeros días todo fue bien. Se abastecían en los ranchos y en las tiendas del pueblo. Nuestros jóvenes se acercaban a curiosear. A la tercera noche salieron de procesión.

Imagen tomada por un móvil, desde una de las casas. Cientos de fieles de la Iglesia, vestidos con idénticas faldas y camisas anchas, caminan por la calle principal de Matador. Todos llevan cirios encendidos y máscaras blancas de plástico o cartón anudadas por detrás. Las máscaras no tienen nada pintado, solo agujeros para los ojos, la nariz y la boca. Algunos vecinos se asoman a la puerta de sus casas. En medio, Nat Ashas camina descalzo, el único sin máscara, y mira a uno y otro lado.

VOZ EN OFF: Desaparecieron a la mañana siguiente. Todos. Faltaban también tres jóvenes del pueblo (aparecen sus fotografías): Sophia Harring, diecisiete años. Manuel Rodrígues, quince años. Jacob Hedrick, doce años. Jacob fue el primero en aparecer. Se le encontró en la tienda de Nat Ashas. Le habían cortado los genitales y extraído el corazón y el hígado (imágenes de mala calidad; una tienda de lona basta con manchas de lo que parece sangre, sin suelo, al fondo el cuerpo del niño cubierto con una sábana también manchada; un policía se dirige a la cámara con la mano extendida para evitar la grabación). Inmediatamente se inicia la persecución. A las cuatro de la tarde, Nat Ashas cuelga un vídeo en «NewAge», la red de la Iglesia  (imágenes del vídeo; la chica tiene el rostro pixelado). Junto a él está Sophia, amordazada y atada a una silla. Se autoinculpa del asesinato de Jacob y anuncia que matará a los dos adolescentes secuestrados si no se cumplen sus exigencias. La primera, que el vídeo se difunda íntegro por los canales nacionales de televisión, en los informativos nocturnos de ese mismo día. A continuación, durante diez minutos, expone sus ideas sobre la superación del machismo y la pareja tradicional, lo que denomina la «falacia de las religiones monoteístas» y la globalización de las relaciones humanas (se congela la imagen de Nat Ashas hablando).

CHARLIZE: Cuando las autoridades intentaron bloquear el vídeo, este ya contabilizaba más de diez millones de descargas. Y eso fue solo el comienzo.

VOZ EN OFF: (Imágenes de informativos que comentan la noticia, policías entrevistando a personas en la puerta de sus casas). El país entero está en vilo. Todas las agencias de seguridad del estado, con la colaboración del FBI, buscan a Nat Ashas. A las nueve en punto de la noche aparece de nuevo desde su móvil. La imagen era enviada a repetidores en el extranjero, y desde ahí rebotada a «NewAge» (escenas del vídeo). Responsabiliza a las autoridades de lo que va a ocurrir y asesina a Sophia ante la cámara (pixelado el rostro de la joven cuando Nat Ashas la degüella). Acto seguido, con el móvil en la mano ensangrentada, sale a la calle. Estaba en la 6th Street esquina con W Lynn St., en pleno Austin, Texas. Espera a ser detenido sin dejar de hablar a la cámara. El primer coche de policía tardó menos de un minuto en llegar (cambia la imagen, pasa a ser la de una cámara que Nat Ashas había instalado en el techo de su casa. Se ve cómo dos policías bajan del coche apuntándole con sus revólveres. Nat Ashas se arrodilla, deja el móvil en el suelo despacio y lleva sus manos a la nuca. Le inmovilizan contra el suelo y un policía le esposa mientras la otra agente entra en la casa, guiada por su radio. El policía le levanta la cabeza agarrándole del pelo y le pega una patada en las costillas. Llegan más coches de policía). Sophia había muerto, pero aún quedaba Manuel Rodrígues.

Las autoridades identificaron a los fieles que acudieron a Matador: todos eran figurantes contratados a través de agencias, que fueron despedidos y volvieron a sus casas la noche de los secuestros. Nat Ashas negoció con la vida de Manuel durante cuarenta y ocho horas hasta conseguir lo que quería: un juicio inmediato y una última entrevista, que debería ser difundida por una televisión nacional a los tres días exactos de su muerte (imágenes del interrogatorio junto a su abogado). Por otra parte, se encontró junto al cuerpo de Sophia la grabación de cómo asesinaba a Jacob en presencia de los otros dos adolescentes (imágenes pixeladas del crimen, y posteriormente, de la entrevista). Por responsabilidad, la UCN aceptó grabar la entrevista y difundirla tal y como había solicitado el asesino. Nat Ashas desveló entonces el paradero de Manuel. Estaba enterrado en un ataúd con una toma de aire, en un bosque cerca de Matador, aún vivo (grabación del rescate, Nat Ashas guía a la policía hasta el lugar y les indica dónde deben cavar).

El juicio fue rápido (imágenes del mismo). La defensa no presentó testigos ni interrogó a los que presentó la fiscalía. Nat Ashas solo habló para afirmar que resucitaría a los tres días de su ejecución, pese a que aún no había sido dictada la sentencia. El jurado tardó menos de diez minutos en declararle culpable de dos cargos de asesinato y tres de secuestro, con agravantes. El juez Bean le condenó a la muerte por inyección letal. Su abogado solicitó la ejecución inmediata y en la silla eléctrica, apelando a razones humanitarias. Tras un debate corto se accedió a sus peticiones.

CHARLIZE: (de vuelta a su sitio tras el escritorio). Muchas gracias, compañeros, por este reportaje. Hoy se cumplen tres días de su ejecución y entierro en el cementerio Joe Byrd. Tenemos aún muchas sorpresas preparadas para hoy, entre ellas, la entrevista realizada a Nat Ashas en el corredor de la muerte, veinticuatro horas antes de su ejecución, por nuestra compañera Jessica Portman. Pero eso será después de los consejos de nuestros patrocinadores.

Sintonía y carátula. Entra publicidad.

FIN PARTE I

3 comentarios en “Programa Especial (I), un relato de Marco Granado”

  1. ¡Me encanta! Es muy fácil imaginarlo todo y tengo mucha curiosidad por qué pasará con Nat Ashas. ¿Habías escrito guiones antes?

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