Antologías, Ediciones CYLCON

Forastero en tierra extraña

Como figurará en algún momento del futuro próximo en las bases de nuestra nueva y flamante convocatoria de antología, el tema que hemos elegido este año ―eso sí, tras una votación muy reñida― es «forastero en tierra extraña». En las bases dirá que buscamos «relatos que aborden cómo las personas exploran sociedades y culturas extrañas y cómo estas reaccionan ante el forastero». Pero esto no es sino el resumen más raquítico posible de las intensas deliberaciones que tuvimos alrededor de este tema, y las bases enlazarán a este artículo para información adicional.

Queríamos ahondar en la novela de Heinlein que inspira el tema y también en la figura del propio Heinlein; no tanto para aclarar lo que buscamos en los relatos, sino servir de inspiración. En parte obligatoriamente, debido a que no tenemos poder de convocatoria suficiente como para ponernos súper exquisitos con la adscripción al tema, nuestros jurados siempre han valorado positivamente una cierta interpretación libre, ya que al fin y al cabo los temas no son más que disparadores para la creatividad. Nos gusta que reinterpretéis y hagáis vuestro el tema, siempre que lo hagáis con originalidad y estilo. Así que tampoco es tan importante «qué buscamos». Nos parece más excitante lanzaros un anzuelo jugoso y dejarnos sorprender por lo que nos ofrezcáis.

Ahí va la carnaza. Esperamos que os guste. ¡Buen provecho!

Portada de la «original version uncut»

Stranger in a Strange Land fue publicada originalmente en 1961. El argumento gira en torno a Valentin Michael Smith, un humano educado en Marte cuando regresa a la Tierra y entre cuarto y mitad de cosas que entiende y las que no, como diría cualquier buena sinopsis sin espoilers…  «pasan cosas». Esto es el punto de arranque obvio de nuestro planteamiento: la desubicación ―en el espacio o el tiempo― de personajes fuera de su entorno y contexto.

Hablando de contexto, es relevante citar el del propio Heinlein, ya que no fue hasta 1991 cuando se publicó la versión íntegra de esta novela. En 1961 los editores optaron por una versión aligerada, acorde con… «su época».

Una época en la Historia de Estados Unidos marcada por las profundas revoluciones sociales que alumbraron la «nueva ola» de la ciencia ficción, una época donde el americano patriota de bien ve de repente alzarse el movimiento en pro de los derechos civiles de la raza negra, la segunda ola del feminismo ―¡nosotras parimos, nosotras decidimos!―, el cuestionamiento del imperialismo yanqui (con la gran hostia de Vietnam como tremenda y dolorosísima guinda para ese pastel…)

Ellison lo vio claro desde el minuto cero. De este enorme caldero burbujeante de potencial para la ficción más especulativa salen sus Visiones peligrosas, esas visiones que marcaron un antes y un después de lo que hoy entendemos por «antología».

Heinlein, por su parte, también puso su grano de arena a este momento de revolución tan intenso… aunque tal vez sin querer. Forastero en tierra extraña, incluso en su versión ligera, se convirtió en referente de la contracultura. Entre sus hitos más rocambolescos figura ser utilizado por Charles Manson y sus seguidores como biblia para su culto por sus contenidos «radicales» (ejem) en cuanto a planteamientos sexuales «alternativos», religión y «resistencia al sistema» sociopolítico.

Toda esta tonelada de comillas es por una buena causa. El sentido de los términos es deliberadamente figurado si tenemos en cuenta que Heinlein, ese hippy revolucionario de Heinlein, ese jovenzuelo con ánimo subversivo de ver arder el mundo para encenderse con sus rescoldos un porro de tamaño trompeta… en realidad es probable que fuera más bien uno de esos millones de americanos de bien, de banderitas el cuatro de julio y mano en el pecho al escuchar el himno, que contemplaban atónitos en la televisión el tiroteo de un presidente y la llegada del hombre a la luna. Militar de carrera, nada menos, y autor de Starship Troopers, esa novela supuestamente vehículo de su propia ideología que la que se hace apología del fascismo, se ensalza el control militar de las sociedades y se justifica el sacrificio de las libertades individuales. No está mal, ¿eh?

Y el uniformado de la versión cinematográfica de 1997 de Paul Verhoeven no ayuda…

Como a priori parece bastante improbable que Heinlein fuera el primer, único y último hippy-facha de la historia, entendemos que el propio Heinlein es un perfecto paradigma de «forastero en tierra extraña»: el facha entre hippies, el hippy entre fachas. No solo nos sirve el choque entre culturas diferentes en el espacio o en el tiempo, también nos sirve este extraño que lo es en su propia casa, aquí y ahora, etiquetado por sus semejantes o sobrepasado por esos «the times they are changing» que a veces van como locos de rápidos y en cualquier momento nos dejan atrás si no andamos espabilados.

Como colofón solo se puede añadir, antes de que Pater Fantástikas venga a enmendar la plana, que de Heinlein hay que leerse sí o sí es La luna es una cruel amante porque aquí Heinlein además de hippy-facha va de indepe.

Como la ciencia ficción es ese vehículo maravilloso para hablar de aquí y ahora, y nuestro aquí y ahora tiene material de sobra para que de estos cruces de caminos y choques de trenes que os hemos dejado caer salgan increíbles relatos… ¡A trabajar! Dejadnos como a todo convocante de antologías de relatos le gusta quedarse: ¡alucinando!

¿Qué? Ah, las bases… Pues eso, «en un futuro próximo». Atentos a nuestras próximas entradas, o como si os suscribís a al blog y nos seguís en nuestras redes sociales… ¡Falta muy poco!

2 comentarios en “Forastero en tierra extraña”

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