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Chupitos de verano: El final del verano, un relato de Manuel J. Linares

#playaomontañaCYLCON

Alguien había vuelto a entrar en su casa.

Lo sabía desde hacía varios días, cuando recibió en el móvil el aviso del sistema de alarma, mientras saboreaba un mojito bien frío en mitad de aquel crucero.

Ya de vuelta dejó las maletas en su cuarto, se sirvió una cerveza fría y fue directamente a la sala de control. Las cámaras del circuito cerrado le mostraron al asaltante, encerrado en la habitación del pánico del nivel inferior. Arrebujado en el suelo, dormido. Indefenso.

Sintió un cosquilleo irrefrenable y un leve temblor. Lo que hacía unos años le hubiera provocado un torbellino de miedo y cólera, ahora se había convertido en uno de los momentos más emocionantes del verano.

Recordó la rabia y frustración de los primeros asaltos. Joyas, dinero, antigüedades, incluso alguna obra de arte. Objetos con gran valor monetario y sentimental desaparecieron en sucesivos robos sin que pudiera hacer nada.

Cuando comprobó que ninguno de los sistemas de seguridad tradicionales lograría detener a aquellas bandas y que la policía no iba a recuperar sus queridas posesiones, decidió que tendría que resolver el problema por sus propios medios.

Mientras daba un largo sorbo a la cerveza, comprobó que más de doscientas personas ya estaban suscritas al acceso en streaming, esperando el inicio del espectáculo. No estaba nada mal. Quinientos euros por votar y otros quinientos por el acceso completo al visionado. Como en anteriores ocasiones recuperaría el dinero de las vacaciones.

Lo había dejado todo minuciosamente preparado antes de embarcar. Una bella obra de ingeniería para atrapar y retener vivo al intruso hasta que él volviera del viaje. Cuando activara el proceso, un juego de luces y sonidos despertaría al ladronzuelo mientras un gas paralizante inundaría la habitación. Después, y en riguroso directo, la democracia decidiría el final de aquel miserable que había pretendido violar su santuario.

Durante un fugaz instante pensó en qué preferiría él mismo si se encontrara en aquella celda ¿Hormigas o Ratas? ¿Qué habría elegido la gente? No conocer el resultado de la votación le daba un innegable plus de emoción. Se encogió de hombros, apuró de un trago la cerveza y pulsó en el panel el botón de inicio de proceso.

Salió de la sala de control y se dirigió al salón, a disfrutar del espectáculo cómodamente instalado en su chaise longe favorito y en pantalla de 55 pulgadas. Y ya de paso buscaría otra cerveza y algo de picar. Incluso en business la comida de los aviones seguía siendo una mierda.

1 comentario en “Chupitos de verano: El final del verano, un relato de Manuel J. Linares”

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