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Yo y popy, un relato de Yolanda Fernández Benito

#esoslocobajitosCYLCON

«¡Qué bien, hoy va a ser el Gran Día! ¿Verdad Popy? El fin de semana en casa de los abuelos ha sido fantástico. Cómo me gusta ir a la ciudad, sobre todo cuando se acerca la navidad y lo llenan todo de luces. Ya verás como la clase va a alucinar con la cantidad de fotos chulas que nos hemos hecho. ¡Venga nos seas dormilón que no podemos llegar tarde!»

—Buenos días mami. ¿Me has echado mucho de menos?

«Mira Popy, esa mi mamá. Ya verás qué guay es.»

—Hola amor, ven aquí y dame un fuerte abrazo. ¿Qué llevas ahí?

«Ya te ha visto, seguro que le caes de maravilla.»

—Es Popy, la mascota del cole, tienes que leer sus libros son una chulada. Con las prisas el viernes no te la pude enseñar.

«¿Has visto?, creo que le has gustado.»

—Encantada Popy. ¿Qué tal con los abuelos?

—¡Genial! La ciudad está muy bonita, toda llena de luces. Pero la abuela sigue triste, dice «que se acuerda mucho de papá y que no se va a reponer nunca de su pérdida». Aunque no se porqué, papá era malo y nos hizo mucho daño a todos. Estamos mejor sin él.

—Cariño, eso ya lo hemos hablado. Papá no era malo, solo pasaba por una mala racha. Todavía eres muy pequeña para entender que una madre siempre va a defender y justificar a sus hijos, por muy feas que sean las cosa que hagan.

—Mamá date prisa que no vamos a llegar al cole. Hoy voy va a ser especial, tengo que contarle a todos lo bien que nos lo hemos pasado yo y Popy.

—Se dice Popy y yo. Ven, siéntate aquí conmigo que tengo algo que contarte. Me temo que hoy no hay colegio.

—¿Cómo que no hay colegio, si no es fiesta? No puede ser, hoy es mi Gran Día…

«Popy, no te preocupes, tiene que ser un error. Vamos a sentarnos en el regazo de mamá. Ya verás que cómodos y calentitos vamos a estar.»

—Ha pasado algo terrible. En el pueblo todavía no nos hemos repuesto de lo de tu padre, y ahora esto. Pablito, tu compañero de clase, ha tenido un accidente y ya no volverá más. No quise que tus abuelos te contasen nada durante el fin de semana para que no te pusieses triste.

—¿Por qué tenía que entristecerme?

«Popy, no entiendo nada, como si no supiese cómo era ese bruto, no será por las veces que me quejé de él.»

—Creo que no me has entendido, Pablito se ha ido al cielo. El viernes desapareció. Después de buscarle durante toda la noche le encontramos el sábado por la mañana, pero ya era tarde. Tienes que entender que uno de tus amigos ya no volverá más. Hoy le entierran, por eso no habrá colegio.

—Sí mamá, ya sé lo que ha pasado, la que no entiendes eres tú. Pablito era malo y todos vamos a estar mejor. Por eso tengo que ir hoy a clase, seguro que todos están deseando darme las gracias.

«Popy, no seas malo que no siempre es así de lenta, debe ser que todavía no se ha tomado el café.»

—No entiendo lo que dices, de que gracias hablas.

«Mira Popy, piensa que tengo fiebre, por eso me ha puesto la mano en la frente. Eso lo hacen mucho las mamás cuando no entienden lo que les decimos, piensan que estamos enfermos. A mí me gusta mucho que me ponga su mano en mi frente, sobre todo cuando está fría. Creo que vamos a tener que bajarnos y sentarnos en la silla para explicaselo todo.»

—Vale, suéltame y te lo cuento todo. Ya verás como me das la razón.

El viernes pasado le tocaba llevarse la mascota a Pablito. Llevaba días diciendo que eso era de niñatos, que con siete años ya no se jugaba con muñecos de trapo. Nos dijo que él se iba a encargar de Popy y que lo hacía por nuestro bien, para que creciésemos. ¡Mamá, yo ya no pude aguantar más!

Vale que nos pegase sin motivo a todas horas, que nos quitase el bocadillo e incluso que le rompiera a Luis un brazo por pararle todos los goles… pero no le podía permir destrozar a Popy.

El viernes al salir de clase, nos invitó a presenciar la ejecución de Popy, nos dijo que iba a ser esa misma tarde en la granja de Jacinta. Que lo despedazaría y se lo echaría a los cerdos. Mamá, en ese momento ninguno le dijimos nada, le teníamos mucho miedo, ni siquera nos atrevimos a decírselo a la profe.

Mamá, yo estaba muy harta y no podía permitírselo. ¿Recuerdas que, aunque me gusta merendar chorizo, el viernes te pedí que el bocadillo fuera de nocilla? La nocilla es lo que más le gusta, bueno le gustaba a Pablito, decía que su madre no se lo daba porque tenía no se qué aceite. Mientras me lo hacías, te cogí unas cuantas pastillas de esas que tomas para dormir, las que guardas en el primer cajón de tu mesilla de noche, las machaqué y luego las metí dentro del bocata.

En la granja de Jacinta, como era de esperar, no había nadie, solo aquel matón que sonrió al verme llegar. «Que bien, ya llega el público. Y encima me trae la merienda» me dijo mientras me arrebataba el bocadillo. Al muy tonto no le extrañó que se lo diese sin rechistar, porque era a lo que estaba acostumbrado. Tiró a Popy al suelo y se encaramó al murete de la cochiquera. El muy tonto allí sentado, disfrutando de mi merienda mientras se burlaba de mí.

No se había terminado el bocata y ya se le estaban cerrando los ojos. Fue tan fácil. Esperé dos minutos y le di el empujón que acabaría para siempre con nuestra pesadilla. Hay que decirle a Jacinta que le eche de comer más a menudo a los cerdos, porque se lanzaron a por Pablito con la misma ansia que él lo hizo con mi bocata. No pude quedarme más tiempo, porque sabía que los abuelos me estarían esperando y que a tí no te gusta estar a solas con ellos.

—¡Pero hija, qué locuras estás diciendo!

—Mamá no te enfades, solo he hecho lo que había que hacer. Pablito estaba descontrolado y no hacía caso ni a la profe. Ahora todo será mejor.

«Popy, no se porqué se pone así, no lo entiendo, ella nunca me levanta la voz.»

—No puede ser, no es cierto. ¿De donde has sacado esa idea? Cómo se te ha ocurrido semejante brutalidad.

—Mamá, ¿no es cierto que desde que no está papá somos más felices? Pues eso.

«Popy, ya te conté lo de mi padre en casa de los abuelos, creo que mi madre todavía piensa que soy una niña pequeña y que no recuerdo lo que nos hacía.»

—¿Por qué hablas ahora de tu padre?

—¡Pues porque estoy harta de que nadie reconozca mis esfuerzos por cuidar de todos! ¿Qué pensabas, que papá se prendió fuego él solo? Con Pablito ha sido muy fácil. Con papá me costó más, bueno tampoco tanto. Las pastillas se la metí en la botella de vino que llevaba para el almuerzo. No tardó en quedarse dormido al volante del tractor. Fue un fastidio que, aunque volcase no estallase como los coches de las películas esas que tanto le gustaban. Te hice caso y tuve mucho cuidado al encender la cerilla y meterla en el depósito de gasoil. Me di mucha prisa para que el fuego no me alcanzase. Cuando terminé estaba muy cansada pero feliz. No llores mamá, que todo va a estar bien. ¿A quién vas a llamar?

«Popy, creo que ya se ha convencido de que todo lo estoy haciendo por ayudarles. Creo que llora de alegría. Seguro que está llamando a la profe para que sí haya clase hoy. Va a ser estupendo.»

—No puede ser cariño, has hecho cosas muy malas y hay que contárselas a la Guardía Civil. Ellos nos ayudaran.

«Popy, no entiendo que tiene que ver la Guardia Civil aquí, si yo no he hecho nada malo. Si no se llevaron a mi papá y a Pablito ¿por qué van a venir por mí?»

—No mamá, si les dices lo que te he contado nos separaran, a mí me gusta esta casa, estar contigo, ir al cole y jugar con Popy.

—Pero mi vida no te das cuenta de lo que has hecho, las cosas no se solucionan así, necesitas ayuda, un médico, en poco tiempo te pondrás bien y volveremos a estar juntas…

«Popy, no puede ser, necesita café. No se da cuenta que si deja que me lleven no me va a volver a ver. Me separán de ti también y me meteran en uno de esos sitios tan feos con los que amenazaba Don Anselmo a Pablito.»

—Pero mamá, si hace un ratito me has dicho que las madres siempre defienden y justifican a sus hijos, hagan lo que hagan. Yo soy tu hijita querida. Olvida lo que te he contado, y ya que no tenemos colegio aprovechemos para pasar un día de chicas. Cógenos a Popy y a mí para darnos mimitos.

«Vamos Popy, subamos de nuevo a su regazo. Ya se ha calmado, creo que le va a costar entenderlo un poco, pero es mi madre y una madre siempre defiende y justifica a sus hijos. Buena idea Popy, le esconderé el móvil hasta que le haga efecto la pastilla.»

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