Visto/leído

Lo que nuestr@s soci@s han LEÍDO en verano, recopilado por José Luis González

Los libros son para el verano….

Nada más cierto. El verano, las vacaciones, época propicia por la cantidad de tiempo libre que nos deja, para leer.

Eso era antes, claro. Hoy leemos poco, en proporción a lo que vemos (mirad la sección de “lo más visto”). Y además queremos leer con la inmediatez a la que estamos acostumbrados en la gran pantalla: Ya somos incapaces de “visualizar” un paisaje literario. Nos aburren las descripciones esforzadas por hacernos imaginar ese entorno mágico en el que se desenvuelve el personaje, acostumbrados como estamos a ver el bosque azul de hojas puntiagudas que sale de fondo en la peli de moda…

No, hijos, no: el escritor (el de verdad y no el guionista que todos tenemos dentro) se esfuerza por brindarnos las herramientas literarias necesarias para que “veamos” su historia con nuestra IMAGINACION, y no con la más reciente y moderna infografía de pantalla.

Y no. No estoy denostando las maravillosas (y miles, que esa es otra cuestión que abordaré más tarde o más pronto en estos sitios) series y películas de televisión y CINE. No, simplemente estoy tratando de SEPARAR claramente los dos lenguajes de aprendizaje que tenemos en nuestras manos: Literatura y Cine son como dos unidades de medida distintas. Como distancia y fondo, como altura y volumen. Son distintas, se deben entender así, sin que ninguna estorbe a la otra.

 Mis disculpas por la perorata. Esto es lo que nuestros socios han LEIDO (medido en densidad, en volumen):

Beatriz Alcaná: «Me he pasado casi todo el verano con Héroes, de Stephen Fry, continuación de Mythos. Es una delicia, pero por desgracia no se animan a sacarlo en castellano.»

Alex González: «Julio fue un mes casi perdido, pero en agosto me he resarcido, especialmente en el apartado de cómic, donde he disfrutado de un puñado de títulos muy interesantes. Resumiremos en estilo telegráfico:

Sangri-La (Mathieu Bablet, 2016): guion pretencioso, grafismo deslumbrante.

Fahrenheit 451” (Ray Bradbury y Tim Hamilton, 2009): para completistas, poco aporta al original.

Semillas (Ann Nocenti y David Aja, 2018): interesante, pero…

Azul y pálido (Pablo Ríos, 2012): una narrativa curiosa, un tema apasionante.

Y especial mención para tres obras nominadas a los Ignotus de este año: el primer capítulo de Orlando y el juego (Luis Durán, 2014), La cólera (Santiago García y Javier Olivares, 2020) y Matadero cinco (Albert Monteys y Ryan North, 2020). Las tres tienen estilos gráficos muy personales y diferentes, maravillosos de contemplar; las tres tienen guiones inteligentes, que apelan a la reflexión del lector y al juego lúdico en ocasiones. Terriblemente difícil decidir cuál de estas tres excelentes obras merece más llevarse el premio.

Fuera del cómic, hemos leído obras antiguas. Un caso de conciencia (James Blish, 1958) se mece entre el desafío de algunas de sus ideas y la caducidad de otras. Tras su lectura, quiero releer Forastero en Tierra extraña (1961), porque me da la sensación de que Heinlein robó de aquí algunas ideas.

Mundo infierno (Philip J. Farmer, 1964), puro pulp que se abre de manera irreverente a la nueva ola. Farmer, un autor que no respeta ni lo más sagrado.

Fabricantes de sueños. Selección 2001. Un puñado de relatos patrios, porque hay que aprender de quienes ya anduvieron por el camino de escribir fantástico. Absolutamente recomendable.»

Agosto ha sido duro.

Peña Cid: «El verano me ha distraído bastante de la lectura, pero me gustaría apuntarme una novela de la que no puedo decir nada más que me ha encantado. A los cylconitas y allegados os encantará cuando caiga en vuestras manos, lo sé. (¿Sorpresa?). He tenido el placer de leer Demonios en la cumbre, de Francisco Tapia-Fuentes. Una aventura épica donde la crueldad de las batallas y las traiciones arropan una trama de sentimientos que te atrapa desde las primeras páginas.

Además he descubierto a Paula Olmedo Latorre, autora vallisoletana que me ha conquistado con La cura del tiempo, una historia de intriga y secretos familiares, muy bien documentados y fundamentados, que te dará mucho que pensar si le das la oportunidad.»

Jorge Pérez: «El verano también ha sido profuso en lecturas. Empecé, allá por el mes de mayo, con ¿Quién hay ahí?, de John W. Campbell, la historia en la que se basa la famosa película de terror y/o ciencia ficción La cosa; una misma historia contada de dos formas muy diferentes. Después continué con Sueño del Fevre, de George R. R. Martin (sí, el de Juego de Tronos, que el hombre tiene muchas más cosas), una historia que mezcla barcos fluviales y vampiros de forma maravillosa (https://cutt.ly/xWBjSPH). De regreso a la literatura patria, La siembra de plata, de Carlos Calleja, me duró unos pocos días; fantasía con tintes grimdark en una historia auto conclusiva de bastante nivel. También me enfrenté a un clásico del terror con La casa infernal, de Richard Matheson; quizá fueron las expectativas creadas, pero me defraudo un poco. Por último, Brujas de arena, de Marina Tena Tena, me llevó a una aventura oscura de fantasía por el árido y abrasador desierto; no puedo negar que siento debilidad por esta autora.

Este conjunto de novelas no sería completo sin algunos relatos: Diecisiete fiambres, de Beatriz Alcaná; Neven, de Laura Tejada; Mamá, el cerdo me mira mal, de Nahikari Diosdado (todos ellos disponibles en Lektu). Y la antología T.ERRORES, con veinticuatro historias de autores diferentes.»

Marco Granado: «Una vez al año. Terror patrio, de nuestro compañero Jorge Pérez. Una premisa original y con un ritmo trepidante. Salió hace unos meses pero aún estás a tiempo de comprarlo.

Antigua sangre, de John Connolly. Como ya hay reseña me remito a ella.

T.Errores. Antología de relatos de terror y error, de Ed. Medina (en la que de nuevo aparece un relato de Jorge Pérez). Una colección algo irregular, con algunas joyitas incrustadas.

De vez en cuando hay que volver a los clásicos. Y clásicas son las antologías que Marcheto publica anualmente en su blog Cuentos para Algernon. Durante el verano he leído/releído los volúmenes IV, V y VI. Extraordinarios autores (Ken Liu, Jeff Noom…) y relatos maravillosos, como Clips, recuerdos y cosas que nadie echará en falta (Caroline M. Yoachim) o Pequeños dioses (Tim Pratt), ambos en el volumen V.

Ahora, leyendo a saltos algunos cuentos de terror de Emilia Pardo Bazán. Relatos del siglo XIX, con todo el encanto de esa época.

Y algo de cómic. Este verano he retomado La juventud de Thorgal, del guionista Yann y el dibujante Surzhenko, uno de los spin-off generados a partir del genio de Rosinski y Van Hamme. A la espera del octavo y último episodio (que ya ha salido), aventuras durante la adolescencia del niño de las estrellas, entre dioses y vikingos.»

Yolanda Fernández: «Aquelarre de cuentos. Antología de terror insólito escrito por mujeres (HUSO): interesante colección de relatos que tocan el terror desde distintos puntos de vista. Curiosamente los que peor cuerpo te dejan son los más cerca de la realidad están».

Yolanda López Aguinaga: «En verano aprovecho siempre para desengancharme (un poco) del terror y leer, como diría mi madre «algo más normal». Pero este año no «me he quitado» del todo, como puede verse. Ahí está mi Rivio favorito, pero también los hematófagos venezolanos de Michelle Roche Rodríguez. Aquí, mi comentario para el club de lectura Hija de las Sombras. Bastante bien Enerio Dima, aunque Micosis se me atravesó un poco por el hartazgo post pandémico. Pero mi libro del verano, sin duda, Alguien camina sobre tu tumba. Además del estilazo de la prosa qué me puede gustar más a mí que visitar cementerios, aunque sea solo con la imaginación.»

Marta Rodríguez: «Este verano me planteé leer sobre todo cositas de amigos y conocidos lite-tuiteros, así que empecé por Omega, de la paisana y Cylconita Isabel Pedrero. Una novela muy entretenida sobre una misteriosa y poderosa empresa de tele transporte, un gran robo y unas investigadoras muy peculiares. Confía en Omega.

Seguí con Donde callan las piedras, de la burgalesa Ángela Vicario. Ambientada en Tierras de Lara, combina historia medieval con presente apocalíptico, y a mí con esas dos premisas ya me tiene ganada.

En un par de días me ventilé el enorme Málakor de Zahara C. Ordóñez. Es complicado reseñar el libro de una amiga, porque creo que me vuelvo más exigente que leyendo a alguien consagrado. Es la primera novela de una saga de fantasía épica que te deja con ganas de más. Me fascina la creación de mundos que ha hecho Zahara: los reinos, las islas, los gremios, los dioses y sus relaciones con los humanos…

Terminé con el Kalpa V, Relatos de naves nodriza en Castilla y León, editada por esta nuestra casa Cylconita. Salvo un par de relatos que se me hicieron demasiado espesos, probablemente por no estar versada en el tema, en su conjunto me ha gustado mucho, y todas las referencias a CyL me han parecido acertadísimas y muy bien hiladas, cosa que no siempre es fácil. Especial mención a La prueba de Kate Lynnon, porque me partí de risa con ella.»

José Luis González: «Bien, los meses de verano no son afortunados para mí. Por unas razones u otras me ocupan 14 de las 24 horas que tiene el día, así que leo y “miro” poco; lo justito para despejar mi mente antes de ir a dormir. Por eso aprecio a tantos y tantos creadores, soñadores, por ofrecerme estos pequeños alivios.

 La lectura principal ha sido Las edades de Itnis, de Salvador Bayarri, al que agradezco tan entretenida historia. Necesitaba un poco de ficción limpia, de sucesos futuros, donde se plantea, como debe de ser, un dilema, una opción. Habla de terraformación de planetas: de planetas habitados… Mirad: es el futuro, pero como si nos hablara de los indios americanos, o los negros de áfrica o, para que ir tan lejos, de los americanos del sur que Colon y demás hierbas “terraformaron”…

Una segunda lectura también, de Jinetes de la Tormenta, de Javier Castañeda de la Torre. Esa chica tan especial, esa forma tan exclusiva de tener contacto con los extraterrestres, esa unión mental y de sentimientos con otras razas tan distintas… Javier siempre me sorprende por cómo enfoca y desarrolla los temas, de una manera tan especial, tan “filosófica” (le mando una sonrisa cómplice). ¿y tú, como te relacionarías conmigo?¿me contarías tus preocupaciones, fundamentarías nuestra amistad con los pensamientos que te angustian o te dan placer?

También he leído muchos comics y novelas gráficas (bueno, no tantos, ¡eh!). Son más fáciles, mas rápidos, pero la mitad me decepcionan; son secuelas de secuelas de historias desgastadas ya.

También he disfrutado de lecturas selectivas, tanto de artículos como de relatos, de algunos de los últimos números de Windumanoth. ¡Ahh, esa sensación de estar esperando el mes siguiente para ir enterándote de las cosas del fandom…! Una sensación que apenas se mantiene ya. Hay demasiados puntos de información inmediatos que tapan un poco la labor de las revistas. Pero ese olor al pasar las páginas…..»Un numero de lecturas algo insuficiente, empezando por mí. Ya digo que es más fácil recurrir a lo visual por su inmediatez, pero vamos a tener que aprender a enfocar claramente los dos medios mediante los cuales nos vamos formando: Leer requiere un esfuerzo comprensivo, una cierta labor de complicidad con la historia y el entorno que la rodea, un esfuerzo por rellenar con nuestra imaginación los huecos que vamos encontrando.

De lo visual os hablo en el siguiente bloque.

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