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Cambio de planes, un relato de Yolanda Fernández Benito

¡Qué lástima!

Mira tú que este año estaba convencida de que lo conseguiría. Que cumpliría con la eterna lista de propósitos que, año tras año, me empeñaba en garabatear en la primera hoja de mi nueva agenda. Si hasta había confeccionado una completa hoja de ruta, con recompensas incluidas, que me ayudase a conseguir el éxito.

Estaba convencida de que este año hubiese ido al gimnasio, me hubiese apuntado a clases de inglés y hasta habría desempolvado mi vieja máquina de escribir para terminar mi novela. Llamadme clásica pero donde este el sonido de unas teclas de verdad…

Pero lamentablemente no podrá ser. ¿Quién me mandaría a mí meterme en esos berenjenales?

Aún no sé porque le hice caso a la atolondrada de Sonia. Creo que acepté registrarme en aquella página solo para que se callase y me dejase en paz. Si yo estaba muy a gusto sin cargas emocionales. Que me picaba, pues tiraba de chorboagenda. Un desahogo rápido y a otra cosa.

Siendo sincera he de decir que me gustó la honestidad de su perfil. Hoy en día no es fácil encontrar una foto exenta de Photoshop y una bio creíble. Con la excusa de las fiestas familiares, que por cierto había pasado como a mí me gusta: sola en mi apartamento, con mi pijama favorito y atiborrándome de dulces navideños mientras veía clásicos de terror, había logrado esquivar la segunda cita, pero gracias a la lianta de Sonia, que había organizado una cita doble, no pude librarme de quedar él en Nochevieja.

No recuerdo el tiempo que llevaba sin participar en semejante tradición. Nunca le he visto la gracia a que miles de borregos adoren a un reloj que inmisericordemente les impone un trepidante ritmo para que engullan un manjar que debería ser paladeado con el debido respeto. Pero por …no sé cómo definir lo que sentía él, perdí hasta mis más arraigados principios.

Me quedé a cuatro uvas de conseguir toda la suerte necesaria para lograr que mi lista de propósitos se cumpliese en aquel año que comenzaba. La octava se equivocó de camino, ¡qué mala suerte que entre tanta gente nadie hubiese oído del legado del señor Heimlich!

Aterrada descubrí una de las mentirijillas de mi nuevo chico. Al parecer no era médico y a tenor del desmayo que sufrió tampoco se le veía demasiado valiente. Pero ese desasosiego e incertidumbre apenas duró unos segundos. Tanto discutir sobre lo que nos espera en el más allá y resulta que aquí te quedas.

Consciente de mi nueva realidad y exenta de dolor decidí disfrutar del espectáculo. Como en muchas películas lacrimógenas, sentí como mi alma abandonaba mi mortal cuerpo y se elevaba. Desde lo alto pude verme tirada en el suelo con la cara morada y aquel vestido tan divino echado a perder haciendo realidad los sueños más morbosos de la multitud de curiosos que me rodeaba. Sin quererlo me había convertido en la protagonista de la noche.

De repente, sentí el viento en mis alas. ¡Increíble!

Me había reencarnado en una sucia paloma de ciudad.

Es curioso, pero antes de perder mi conciencia humana, cambié todos los objetivos de mi eterna lista de propósitos por uno solo, dadas las circunstancias mucho más realista y gratificante: Cagarme en todos los desgraciados y miserables que me habían intentado joder en mi anterior vida.

¡Esto va a ser un no parar!

1 comentario en “Cambio de planes, un relato de Yolanda Fernández Benito”

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