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Mike Oldfield y las campanas tubulares, un artículo de Jonatan Diez

Hoy, a petición del soberano público, nos vamos a lo más profundo del terror. Cierto es que esta pieza estaba en la lista de entregas ya que es uno de los primeros vinilos que pude comprar con las propinas de mi infancia, pero he adelantado la entrega por una solicitud particular y porque realmente merece estar en las primeras posiciones.

Esta obra de arte comenzó a gestarse cuando su compositor tenía 17 años y vio la luz en mayo de 1973 con tan solo 19 años. Fue su primer disco de estudio y el primero de la firma Virgin Records y rápidamente se puso en los primeros puestos de ventas. Este artista es Mike Oldfield, o como decía mi profesor de alemán Miguelito Campo Viejo, que tocó 20 instrumentos para ese disco, vamos, lo que se dice un genio virtuoso.

Su relación con la película El Exorcista (1973) del director William Friedkin fue posterior a la creación del disco y más bien fruto de la casualidad y desesperación del director, si bien hay que decir que la simbiosis entre ambas benefició notablemente tanto a la película como a la canción.

La que ahora es considerada como una de las obras maestras del género de Terror tuvo que enfrentarse a muchos problemas, que os recomiendo que investiguéis, con un rodaje repleto de complicaciones, algunas realmente terroríficas, además de la leyenda que se creó posteriormente. Para colmo su director, William Friednik, no se caracterizaba por ser paciente, ni amable ni flexible, y ya finalizado el rodaje tenía que incluir la banda sonora. En un principio las cuestiones musicales estaban en manos de Bernard Hermann, pero la mala relación y falta de entendimiento entre el compositor y el director hizo que la cosa no acabara bien. La siguiente opción fue Lalo Schifrin, pero la excentricidad de este músico no era del agrado del poco paciente Friednik.

Desesperado al no encontrar lo que tenía en mente se puso a escuchar cientos de discos, buscando una melodía con ciertos toques de nana, pero que despertara angustia al combinarse con las escenas de la película. Y en ese montón de discos encontró Tubular Bells. Hay quienes dicen que el propio Richard Branson, productor de Virgin, convenció al director. Cierto o no lo que es seguro es que Mike Oldfield no fue consultado y en principio el uso de su obra en el film no fue de su excesivo agrado, aunque en entrevistas posteriores él mismo ha comentado que ha mantenido cierta indiferencia a ese respecto.

Tubular Bells aparece brevemente en El exorcista, pero su musicalidad resultó extraordinariamente adecuada para transmitir todo el horror de la posesión diabólica, convirtiéndose en influencia en las futuras partituras para el género, como la de Profondo Rosso de Goblin y la de Halloween de John Carpenter. Se puede decir que con Tubular Bells de Mike Oldfield comenzó la extensa y fructífera relación entre el cine de terror y las bandas sonoras a base de sintetizadores.

 

 

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