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7 de cuervos, una reseña de Kate Lynnon

¡Un momento! Hay algo raro en este título…

Efectivamente, el título de este 7 de es algo inusual. En primer lugar, al igual que hice con las reinas de Fennbirn, voy a hablar de una saga formada por dos libros: Seis de cuervos y Reino de ladrones, de Leigh Bardugo. Les fans se suelen referir a esta bilogía como Seis de cuervos, pero 7 de Seis de cuervos sonaba demasiado repetitivo.

Para empezar, tengo que decir que me han gustado mucho estas dos novelas a pesar de que haya tardado un tiempo en leérmelas, pues ambas son de buen tamaño y tuve que esperar unos días entre una y otra porque la segunda fue un regalo de cumpleaños. Bueno, no solo es que me hayan gustado, sino que me han sacado del bloqueo lector por el que estaba pasando. Eran justo lo que necesitaba. De hecho, admito que los dos puntos negativos que les doy son más bien por rellenar y no son completamente malos.

ATENCIÓN: Se me ha colado algún que otro spoiler

 Un equilibrio ideal

Me gusta definir estas novelas, sobre todo la primera, como una versión fantástica y juvenil de La casa de papel o la saga Ocean’s: un grupo de delincuentes con diferentes habilidades unen fuerzas para dar un golpe muy importante. Solo que, a diferencia de La casa de papel, aquí no sientes ganas de guillotinar a todos los miembros de la banda constantemente. Otra ventaja que tienen estas novelas respecto a la serie de marras es que no se vuelven tan repetitivas para estirar el chicle: mientras que Seis de cuervos narra el «trabajo» en sí (infiltrarse en la Corte de Hielo y secuestrar a un prisionero), Reino de ladrones consiste en poner en orden las consecuencias que se han derivado de este, ya que no todo sale exactamente como estaba planeado.

Sin entrar mucho en detalles, se juntan en la trama rivalidades y traiciones entre facciones de la mafia con un conflicto internacional. ¿Qué podemos esperar de esto? Por supuesto, mucha acción y un montón de planes locos con engaños, disfraces, peleas y hasta algo de parkour. Pero eso no es todo: también hay sitio para los dramas personales de les protagonistas, el salseo y el romance e, incluso, algo de humor, todo ello aderezado con magia. Eso es precisamente lo que más me gusta de esta bilogía: la variedad, la combinación de todos estos elementos. He llegado a reírme en voz alta con algunos diálogos y escenas de alivio cómico, la mayoría de ellas protagonizadas por mi personaje favorito: Jesper Fahey. También he sufrido con los flashbacks en los que se cuenta cómo y por qué varios personajes se vieron obligados a involucrarse en el mundo del crimen, he temido por la vida de más de une en los momentos más comprometidos y me ha salido la vena shipper con alguna que otra parejita.

Worldbuilding

Por supuesto, después de haber participado en una charla sobre ello, tenía que hacer alguna referencia a este aspecto. La acción de Seis de cuervos y Reino de ladrones se desarrolla en un universo imaginario con sus propios mapas pero, para variar un poco, no se trata de la Inglaterra medieval tan común en la fantasía. Aquí, junto a los diferentes tipos de magia, encontramos una cierta tecnología, como puedan ser las armas de fuego o los explosivos. La época podría recordar a nuestro siglo XIX, y en cuanto a las localidades…

En mi opinión, la autora ha utilizado un método tan inteligente como sencillo para diseñar su universo: inspirarse en lugares y, de algún modo, estereotipos y sonidos que nos son muy familiares y que asociamos de inmediato con ciertas culturas para que todo resulte sencillo de imaginar y comprender. Coding, lo he oído llamar en algunos círculos de escritores. Para que os hagáis una idea, si yo os hablase de un lugar cálido situado en una costa de aguas cristalinas, lleno de casitas blancas apelotonadas y habitado por personas de piel bronceada que destacan por su elegancia y temperamento, por hablar fuerte y gesticulando mucho, con apellidos que suelen acabar en «–i», y muchos de los nombres y topónimos contienen la grafía «zz», ¿en qué país e incluso ciudad pensaríais de inmediato? Pues eso es lo que hace Leigh Bardugo: Ketterdam, la ciudad en la que transcurre la mayor parte de la historia, está claramente basada en Ámsterdam (ni siquiera se ha molestado en cambiarle mucho el nombre), con sus canales, casinos y burdeles; Shu Han, el exótico territorio de los inventores de ojos rasgados, es una mezcla entre China y Mongolia; la Isla Errante, habitada por granjeros que hablan kaélico (con k, no con g), es Irlanda; y Ravka, donde obligan a las personas con poderes a formar parte de su ejército, tiene fuertes influencias rusas. Además, también existen tres etnias distintas de lo que podríamos equiparar a la caucásica: los shu, los suli y los zemeni. De ese modo, no es necesario dar una gran cantidad de rodeos para describir la fisonomía de los personajes que aparecen: si te dicen que alguien es zemeni, por ejemplo, ya te han dado suficientes pistas antes como para que en tu mente se dibuje un personaje afrodescendiente. Y tampoco es necesario explicar en exceso las relaciones entre países y las culturas de estos, pues les lectores son perfectamente capaces de «rellenar los huecos» con sus propios conocimientos.

Five Six Man Band de manual

¡Cuánto daño me han hecho TVTropes y Overly Sarcastic Productions! O cuánto me han ayudado. El caso es que, a raíz de leer y escuchar sus explicaciones sobre ciertos tropes, ahora los veo por todas partes y fantaseo con crear algo basándome en ellos. La Five Man Band, en concreto, es uno de mis favoritos.

¿Qué es una Five Man Band? Consiste en un agrupamiento de personajes (cinco, en concreto) que tiene su origen en los juegos de rol clásicos, ya que busca el equilibrio entre los diversos estilos de combate y las personalidades de estos. Dicho de otra manera, si nos fijamos en muchas obras de fantasía o ciencia-ficción protagonizadas por un escuadrón de héroes, suelen estar formadas por cinco personas —aunque el número puede variar— con roles muy definidos: un líder, un lancer (es decir, el miembro díscolo del equipo que contrasta con el líder), un cerebro, un corazón y un personaje que aporta músculo y fuerza bruta. En el caso de Seis de cuervos, aunque el grupo protagonista lo constituyen seis personas, encajan a la perfección.

El líder indiscutible del grupo es Kaz Brekker, lugarteniente de una banda mafiosa y dueño de un casino llamado Club Cuervo. Es él quien recluta a los demás miembros y quien toma la mayoría de las decisiones; para quienes hayan visto La casa de papel, su papel es similar al del Profesor. Jesper Fahey, el larguirucho estudiante adicto al juego con una puntería asombrosa y un gran dominio de los revólveres, ocupa el puesto de lancer: donde Kaz es serio, frío y calculador, Jesper es bromista e impulsivo. Matthias Helvar, el fjerdano musculoso con experiencia militar y no demasiadas luces, trae la fuerza física; Wylan Van Eck, por el contrario, es el personaje que no sabe luchar, pero lo compensa con su inteligencia y su capacidad de fabricar artefactos. En cuanto al corazón de la banda, es decir, la parte emocional, el pegamento que mantiene unido el grupo, esa sería sin duda Inej Ghafa, la acróbata de circo reconvertida en espía por la que todes sienten un gran aprecio. La Grisha (hechicera) Nina Zenik, por su parte, sería una mezcla de varios roles, pues sus habilidades mágicas son muy útiles para el combate, pero también destaca por su ingenio y cumple las funciones de interés romántico.

No le he dedicado su propio apartado al tema de la representación porque para mí ya es prácticamente algo que se da por sentado, pero no sería yo si no hiciera al menos una alusión. Aparte de tener talentos muy distintos, otro detalle que me gusta de este grupo es que la diversidad está presente entre ellos, tanto racial —Jesper es hijo de un kaélico y una zemeni, Inej es suli y durante un tiempo también hay un personaje de origen shu en la banda— como de orientaciones sexuales —Jesper es bisexual, Wylan es gay o bisexual— o funcional —Kaz cojea y se ayuda de un bastón para caminar, Wylan sufre de algún tipo de dislexia—.

En escala de grises

Otro de los detalles que más llaman la atención de esta saga es que les protagonistas no son héroes, sino más bien moralmente grises. Recordemos que Kaz, el líder de la banda, es un mafioso obsesionado con la venganza que no tiene ningún reparo en pegar una paliza o matar a quien se le ponga por delante. Tampoco es un personaje que esté hecho para caer bien, pues resulta arisco e incluso cruel en ocasiones, aunque es fácil comprender las experiencias traumáticas que lo han llevado a protegerse a sí mismo tras una máscara de frialdad. En cuanto al resto, son igual de imperfectes y complejes: aunque en la mayoría de situaciones sea por pura necesidad, cometen delitos, recurren a la violencia, traicionan o mienten a gente que es importante para elles, tienen adicciones… De entre elles, Wylan e Inej seguramente sean los tonos de gris más claros. El primero no es más que el ingenuo hijo de un mercader poderoso y sin escrúpulos que se ve obligado a trabajar para Kaz después de que los matones de su padre intenten asesinarlo; la segunda, si bien en varias ocasiones la vemos usar sus cuchillos contra otras personas y quitar alguna que otra vida, suele hacerlo en defensa propia y sueña con poder pagar sus deudas, hacerse con un barco y recorrer el mundo para deshacerse de esclavistas y explotadores.

Nath y Reyka

¡Espera! ¿Qué hacen estos dos aquí? Pues sí, estoy colando autopromoción descarada de una de mis novelas en una reseña, pero todo tiene su explicación. El año pasado, cuando Raúl Caronte, Andrea Arroyo y yo participamos en el evento de Ediciones Hati, la presentadora nos propuso un juego llamado «Si te gustó X, te encantará mi novela».  Como el nombre indica, se trataba de nombrar otra obra que tuviera algunos elementos en común con la nuestra. Lástima no haber leído Seis de cuervos en ese momento, pues… la historia de Nina y Matthias habría encajado muy bien.

En la mayoría de las regiones del universo de Seis de cuervos, la magia es algo que no está precisamente bien visto: les Grisha son perseguides y aniquilades y, en ocasiones, usades como herramientas con fines militares. Por eso, muches de elles tienen la necesidad de mantener sus poderes en secreto. En Fjerda —de inspiración claramente nórdica—, incluso tienen una orden que se dedica a perseguir y eliminar Grisha: los drüskelle, que podría traducirse como «cazabrujas». Matthias Helvar es uno de ellos, y Nina Zenik estuvo a punto de ser una de sus víctimas. Sin embargo, como nos muestran algunos flashbacks, debido a ciertos contratiempos, tuvieron que pasar mucho tiempo a solas y colaborar para sobrevivir.

No sé de qué me suena eso…

No obstante, debo aclarar que la relación entre Matthias y Nina es mucho más intensa que la de Nath y Reyka. Así como mi bruja y mi inquisidor pasan en número considerable de páginas de «No quiero gente como tú cerca de mí» a «No me fío de ti, pero no me queda más remedio» y luego a «Te has ganado mi respeto y admiración y te protegeré con mi vida si hace falta», Matthias y Nina ya han vivido todo ese proceso, y en cuestión de segundos pasan de «Te quiero follar aquí mismo» a «Quiero estrangularte con mis propias manos». Además, a diferencia de Nath, Matthias es valiente y está versado en el combate; a primera vista, Nina y Reyka son igual de bordes, pero la primera tiene un punto más juguetón y menos tendencia a actuar sin pensar.

Nina y Matthias son los personajes que más tensión sexual aportan a la historia, pero no son los únicos. Si os gusta el salseo, estas novelas no os decepcionarán en absoluto.

Momentos muy dolorosos

Ya he comentado antes que, además de aventura e intrigas, en estos libros hay mucho drama. Para estar dirigidos a un público juvenil, en algunos pasajes se adentran en territorios muy oscuros: hay violencia, mueren personajes y nos movemos durante toda la trama en un ambiente de delincuencia y miseria. Sin duda, el trasfondo de Inej fue el que más me impactó en este sentido. Sus padres y ella trabajaban en un circo en su tierra natal, pero unos esclavistas la secuestraron en un descuido y la llevaron a Ketterdam, donde la obligaron a prostituirse. A pesar de no entrar en detalles muy explícitos de su vida allí —lo cual se agradece—, la autora nos deja muy claro que los recuerdos todavía la atormentan. Cada vez que se encuentra con Tante Heleen, la dueña del burdel en el que trabajaba, Inej vuelve a convertirse en una niña indefensa e aterrorizada, nada que ver con la maestra del sigilo capaz de escalar edificios y clavarte un cuchillo sin que te enteres. Sin embargo, creo que la autora es capaz de narrar estos pasajes con muy buen gusto y sutileza, sin recrearse en lo escabroso.

Por otro lado, hay una escena de muerte al final de la segunda parte a la que, para mi gusto, le faltó impacto emocional. No voy a decir de qué personaje se trata, solo que no sentí nada hasta unos capítulos más tarde, cuando celebran su funeral.

No es la serie

Mi interés por estas novelas, aparte de haber oído hablar muy bien de ellas a reseñadoras a las que aprecio, nació —como sospecho que le habrá pasado a mucha gente— a raíz de Shadow & Bone, la serie de Netflix. Si es tu caso, me veo en la obligación de advertírtelo: estas novelas tienen muy poco que ver con su adaptación televisiva.

El universo en el que se desarrollan ambas historias es el mismo, y casi todes les protagonistas de Seis de cuervos —Wylan es el único que no aparece, que yo recuerde— salen en la serie, pero las tramas son muy distintas. Para empezar, Shadow & Bone está basada tanto en la bilogía Seis de cuervos como en la trilogía Sombra y hueso (de ahí el título). La magia tiene un papel mucho más destacado en la versión audiovisual, mientras que las aventuras de los cuervecitos son una trama secundaria. Además, los hechos que se muestran en la serie ocurren antes del comienzo de Seis de cuervos; se podría decir que es una precuela. Todo esto, por supuesto, no tiene nada de malo; incluso diría que me han gustado más los libros. Aun así, quienes vayan buscando lo mismo en un lado que en otro podrían llevarse una decepción.

 

 

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