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Los fogones de CYLCON, menú gourmet para demonio y ángel con flambeado de Armagedón de postre».

Todos sabemos que El Gran Plan es inefable y que las sempiternas luchas entre los seguidores del bien y del mal han sido, son y serán una realidad. No es menos cierto que si pasas mucho tiempo en el mismo puesto de trabajo te acabas acomodando y te asusta tanto el cambio que hasta eres capaz de aliarte con la competencia para que no te saquen de tu zona de confort.

Y es que por muy imperfecta que sea la raza humana, no hace falta una eternidad para que adoptes y aprecies su forma de vivir.

Si a estas alturas no sabes de qué estamos hablando, deja de leer esto ahora mismo y acude raudo a leer o ver la serie Buenos presagios (The Good Omens), creada en comandita entre Terry Pratchett y Neil Gaiman, ya que a partir de ahora vienen spoilers destripes tan grandes como cabezas de muchacho.

Sí, vamos a hablar de la curiosa amistad que surge entre el achuchable Aziraphale y el adorable canalla Crowley. Podríamos escribir un sesudo artículo sobre las motivaciones de cada uno para intentar salvar a la humanidad de la destrucción total y el caos, pero esta sección no va de psicología. Resumiendo, diremos que Crowley, como buen demonio, es un poco narcisista y que le gusta ir a la moda más que a un tonto a una tiza, lo que es perfectamente comprensible a la vista de las pintas que me llevan sus demoniacos colegas. Más claro lo tenemos con Aziraphale: lo que más echaría de menos si tuviese que volver al aséptico cielo sería la comida (y bebida), porque la verdad es que nos ha salido un pelín zampabollos.

Y ahí es donde queríamos llegar, a lo de la comida. Después de estudiar concienzudamente cada episodio, no ha sido fácil decantarse por una receta, ya que la comida está presente a lo largo de toda la serie.

Para empezar, el declive de la humanidad empieza con un mordisquito de nada a una manzana en el jardín del Edén. El día del nacimiento del anticristo, las monjas satánicas de la Orden de las Parlanchinas de Santa Berilia sirven pastas de flambeado rosa con té al mismo tiempo que se dedican a ejercer de trileras con tres adorables bebés. Hemos aprendido que a nuestro Sargento Cazabrujas de cabecera le gusta el té con nueve terrones de azúcar maridado con patatas con queso y cebollas, y que a nuestra bruja, por ser americana, lo que realmente le va es la limonada.

Tambien hemos aprendido que un caramelo de limón puede ser una fuente de energía sostenible y sabrosa. Que, según la cuadrilla de Adam, nuestro particular anticristo, existen más de treinta y nueve variedades de helados, aunque Aziraphale y a Crowley sean más de sabores clásicos como la vainilla con chocolate y la fresa.

Podríamos continuar advirtiendo que los cuatro jinetes del apocalipsis quedan en una cafetería a tomar el té y que Hambre es un empresario de una exitosa cadena de restaurantes donde se sirve la afamada comida sin comida. Y tambien que el Kraken se merienda a una delegación de comercio él solito…

Pero el que se lleva la palma y nos deja al borde del empacho es Aziraphale, que unas veces solo y otras en compañía de Crowley, degusta todo tipo de manjares sibaritas y nos deja claro cuáles son sus motivaciones para salvar la Tierra, y de paso a sus habitantes. Así le hemos visto mancillar su cuerpo humano con rollitos de shushi, tomar tarta de fresa y beber chocolate en una delicada taza alada, tomar ostras en el restaurante de Petronio en la antigua Roma, comer uvas disfrutando de las obras de Shakespeare en el Globe Theatre, casi perder la cabeza en la Francia revolucionaria por unas crepes y hasta emborracharse con vino y whisky de los buenos buenos.

Y después de todo este empacho literario (habíamos pensado en algún plato que llevara sal de frutas) finalmente hemos decidido que para nuestra receta debíamos reivindicar al injustamente ignorado pináculo de la cocina British. Y es que salvo error por nuestra parte, ningún personaje sale comiendo unos genuinos Fish and Chips. Imperdonable.

Ingredientes para 4 personas:

Para el pescado

  • 4 filetes grandes sin espinas ni piel de pescado blanco (creemos, pero no podemos afirmar que es merluza o bacalao fresco)
  • 1 botellín de cerveza rubia bien fría (de la nevera), el tamaño lo eliges tú, pero para la receta solo necesitan 200ml
  • 150 g de harina de trigo
  • Opcional: 1 cucharadita de miel y una pizca de levadura
  • Aceite para freír (aquí, aunque no sea muy British, mejor usa aceite de oliva virgen extra)
  • Sal y pimienta negra molida

Para las patatas

  • 2 patatas grandes
  • Aceite para freír
  • Sal, pimienta y un chorrito de vinagre de vino

Preparación:

  • Una vez que tengamos el pescado lavado y seco, lo salpimentamos.
  • Para el rebozado olvídate del huevo y mezcla la cerveza muy fría con la harina, pimienta, la sal, la levadura y la miel.
  • Enharinamos los filetes de pescado y los empapamos en la mezcla del rebozado.
  • Freímos en abundante aceite caliente hasta que dore.
  • Las patatas una vez peladas, las cortamos en bastones y las freímos en el mismo aceite del pescado, al sacarlas las salamos.

A los ingleses les gusta aderezar camuflar el sabor de su pescado con cosas como guisantes salteados con mantequilla y salsas de multitud de olores y sabores, pero no seremos nosotros quien os lo recomendamos.

Eso sí, de postre conformaros con una inocente manzana.

Buen provecho, y disfrutad de cada bocado como si fuese el ultimo, que no sabemos cuánto queda para el próximo Armagedón… o para la segunda temporada.

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