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Chupitos: QR, un relato de Yolanda Fernández Benito

Estaba convencido de que sin la magia de una APP nunca la hubiese conocido. Sus amigos le llamaban Donapepes por su desmedida afición a las aplicaciones. «¡Ignorantes!» pensaba.

La conoció en «Zitapp», eligió el restaurante con «Food&Wine» y reservaron el hotel en «Loverooms». Una noche perfecta.

Mientras ella dormía, feliz y satisfecho, recorrió con la mirada cada milímetro de aquel cuerpo escultural. Al ver el original tatuaje de su nalga derecha fue consciente del tiempo que llevaba sin usar su móvil. No pudo resistirse. Tenía que saber que escondía aquel código QR. Furtivamente, como un niño travieso que quiere ver sus regalos de reyes antes de tiempo, lo escaneó con «LekQR».

En la pantalla vio cómo la espalda de su cita se contorsionaba con crecientes convulsiones que acabaron desgarrando la piel. Entonces aquel lado de la cama lo ocupó un ser diabólico que ágilmente se dio la vuelta y reptó hacía el móvil ayudado por unas afiladas garras hasta inundar la totalidad de la pantalla con sus afilados dientes. Alucinado por la calidad de las imágenes gritó de entusiasmo.

Solo cuando su cabeza comenzó a caer, fue consciente de que aquello era realidad, pero no aumentada.

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