Autores Socios/as

Conoce a Marta Inés Rodríguez, una entrevista de Jose Luis González

Leonesa nacida en Valladolid en 1978. Jurista de formación, desfacedora de entuertos de profesión y filóloga en proceso, cree que nunca es tarde para cumplir sueños.

La literatura fue su primera pasión, aunque la vida académica y laboral la condujo por otros caminos, hasta que en 2020 el confinamiento y Twitter se aliaron para devolverla al redil de la escritura.

Apasionada de la vida rural de los años 50-60, Francia, la Guerra Civil y las dos Guerras Mundiales, se siente más cómoda en un género realista o costumbrista, pero ha terminado fascinada también por la ciencia ficción y la fantasía.

Participó junto a otros compañeros en la Hispacón 2021 con la tertulia: Joven promesa a los 40, la experiencia de ser autor novel cuando ya se peinan canas.

En twitter es @moderna_siesta y en IG @modernasinsiesta

ENTREVISTA

Las primeras publicaciones de Marta Inés Rodríguez están firmadas en el año 2020. Como bien refleja su biografía empezó tarde en esto de la escritura. Aunque nunca es tarde si la lectura es buena. Y en este caso lo es. Una veintena de relatos y su primera novela avalan esta afirmación. La autora posee una prosa directa, con una extraña fuerza de comprensión que te atrapa en todos y cada uno de sus relatos.

Escritora con una formación de letras peligrosa (los Juristas NO escriben bien, escriben FARRAGOSO) rápidamente redirigida al mundo de la filología, donde es más fácil encontrar herramientas para satisfacer el deseo de la autora por escribir.

También su biografía muestra sus temas de confianza: la postguerra, las guerras europeas, o sus secuelas en los años 50-60, perfectamente reflejadas en una buena parte de sus relatos, y toda aquella historia capaz de ser contada en esas épocas y ambientes. Añadimos también el interés por las distopías, tema que la acerca al mundo de la ficción y la fantasía.

Redacción: «Ya hemos señalado que tu prosa está muy bien construida. ¿son tus estudios en filología los que te ayudan o, además, dispones de otro tipo de formación literaria, aparte de leer mucho?»

Marta: «Lo cierto es que no tengo ningún tipo de formación literaria, más allá de haber sido una lectora voraz y precoz. Comencé a estudiar filología en enero de 2020 y, entre el trabajo, la escritura y las clases de francés, apenas tengo tiempo para una o dos asignaturas por cuatrimestre, así que no he podido todavía aprovechar esos conocimientos como desearía.

Si lo pienso, creo que mi cabeza por algún motivo está diseñada para escribir. Se me da fatal hablar, tanto en público como en la distancia corta. Sin embargo, me siento cómoda en el texto escrito, ya sea una carta o un examen. Para que te hagas una idea, el correo electrónico me ha dado la vida a nivel laboral. Si tuviera que telefonear a mis clientes estoy segura de que mi relación con ellos no sería tan fluida como lo es gracias al email. Hace poco comentaba en otra entrevista que me recuerdo desde siempre con un bolígrafo o un lápiz en la mano. Cuando otras niñas pintaban y dibujaban, mi juego preferido era escribir mensajes en el reverso de la colección de postales de mis padres, que aún sigue por casa. No concibo mi vida sin escribir al igual que no la concibo sin leer.»

R: «Antes de entrar en los contenidos de los relatos quisiéramos que nos comentaras si la tremenda sensibilidad que pones en todos y cada uno de tus personajes es intencionada o te sale así. Porque la mayoría de tus relatos levantan la piel del lector al leer.»

M: «Poco de lo que escribo es intencionado. Me gustan los personajes que sean a la vez intensos y delicados, no sé si porque yo soy un poco así también, pero no hago nada para caracterizarlos, simplemente darles vida y dejar que fluyan. Soy muy brújula, ciertamente. Sin embargo, sí que tengo que poner toda mi intención para crear ambientes o personajes que se alejan de mi zona de confort. Por ejemplo, los zombis de La asombrosa fortuna de Peeter de Rijp, o ciertos antagonistas de Alondra. Si te fijas, en los relatos que has leído no hay “malos”, el mal proviene siempre de las circunstancias; en Alondra sí los hay y aunque me supusieron un esfuerzo extraordinario, estoy muy orgullosa del resultado.»

R: «Tienes acumulados casi 20 relatos desde que empezaste a publicar. ¿Ya escribías de antes, y desde cuanto tiempo antes?»

M: «En el momento en el que, en marzo de 2020, veo por Twitter un concurso de la web zendalibros.com y decido escribir un pequeño texto inspirado en mi abuela para enviarlo (Eladia), hace más de veinte años que no escribo ficción.  Ese relato resulta premiado, y a partir de ahí me animo a seguir probando y prácticamente todos son seleccionados. Por eso, porque llevo mucho, muchísimo tiempo sin escribir, me tomo cada convocatoria como un ejercicio. El hecho de tener que ceñirme a unos márgenes concretos me ayuda a encontrar mi camino, a saber cómo vestir mis historias para que se adapten a lo que me piden sin dejar de ser yo misma. Y creo que he conseguido pulir un estilo muy reconocible, ya esté hablando de la posguerra española, de astures contra romanos o de la peste holandesa en el siglo XVII.»

De muy jovencita, adolescente más bien, hacía fanfics aunque no sabía ni que se llamaban así. También redactaba cartas larguísimas, que sospecho que aburrían más que entretenían. Y tal vez uno o dos relatos como tales. Pero cuando empiezo la universidad, abandono por completo la escritura “creativa” y me centro en esa otra literatura más farragosa que es la jurídica, como bien dices. Pero yo creo que mi carrera me ha ayudado mucho a desarrollar esa faceta, porque no he parado de escribir en veinticinco años, aunque hayan sido documentos jurídicos o administrativos, o el desarrollo de temas y apuntes.

Decía Carmen Laforet que durante los largos años en los que no escribía, el deseo de hacerlo estaba dentro de ella, como una pulsión interna que no lograba acallar y que la consumía.  Yo me siento muy identificaba con eso. Durante más de veinte años no escribía ficción, no creaba, pero deseaba hacerlo más que nada en el mundo. Pero, siendo sincera, no me atrevía. Me sentía impostora aun antes de haberlo intentado.»

R: «Pareces muy cómoda en la longitud del relato. A falta de leer tu novela, que acaba de ser editada, ¿Apostarías por ese formato más largo? ¿Crees que las historias que nos contarás en el futuro necesitarán esa longitud o el relato está bien?»

M: «Mi medida ideal son las 1.500  palabras. Puedo llegar hasta 3.000 cómodamente, pero si me piden un relato de mínimo 4.000, ya me estreso. Esas 1.500 – 3.000 me dan espacio suficiente para desarrollar una historia con coherencia y sin perder agilidad.

El salto al largo ha sido un poco por casualidad y me ha resultado más fácil de lo que había imaginado. Lo cierto es que si esto mismo me lo preguntas hace un año, te hubiera dicho que no entraba en mis planes para nada escribir una novela. Alondra nace de una convocatoria express de una editorial, a la que envié un relato largo o novelette muy cortita, de 18.000 palabras. No fue seleccionada y mi editorial actual, FoscaNetworks, contactó conmigo para que se la enviara. Aunque les gustó, me pidieron que la alargara y cerrara mejor las tramas (la original tenía un final abierto), así que dupliqué el tamaño y dividí la estructura en tres partes. Cada una de esas partes está ambientada en un escenario diferente, lo que me ayudó mucho a no agobiarme con la longitud.

Lo que más me preocupaba en Alondra era que el resultado no fuera una novela, sino un conjunto de relatos inconexos. Leí el manuscrito decenas de veces, hasta que prácticamente me lo aprendí de memoria. En cada lectura añadía algo que conectara todas las partes, los capítulos y los personajes. ¡Hasta en la última corrección de galeradas incorporé un detalle que relacionaba a dos personajes y que no se me había ocurrido hasta entonces! Pero he disfrutado mucho del proceso y estoy satisfecha con el resultado, tanto que tengo el proyecto de que Hijas de los peores tiempos sea una trilogía, además de estar escribiendo ya una novela distópica ambientada en la Francia actual y otra romántica, a partir de los personajes que conocimos en La vía láctea

R: «Y entremos ya en materia, conocidas las mecánicas de escritura de Marta. Hasta ahora se expresa en dos temas recurrentes: las distopías (algunas religiosas, otras relacionadas con esa etapa de los 50-60, otras no) y las narraciones sobre personajes, la mayoría de edad, que viven en la España aislada, pobre e inculta de nuestros pueblos durante esos años. ¿Hay otros ESPACIOS de interés dónde colocar a tus personajes, como esa magnifica historia contemporánea en Malasaña (La vía láctea), alguna incursión en la Francia de esa época, o en las guerras mundiales, como señalas?»

M: «Alondra comienza en España en plena guerra civil y termina en Francia en 1945. Tenía muchas ganas de escribir sobre la segunda guerra mundial y especialmente sobre el papel de los españoles en la Resistencia. Además Francia es mi lugar feliz, al que siempre vuelvo física y literariamente. Va a haber muchas más historias ambientadas allí, desde luego.

También en Navarra, otro de mis lugares recurrentes, Castilla y León siempre, y como sorpresa, Valkirias en la bahía, próximo a publicarse en la antología La ciudad es nuestra, donde además de adentrarme por primera vez en la fantasía urbana oscura, viajamos al Benidorm de finales de los años 60.»

R: «Insistiendo una vez más en lo limpio, claro y sensible de tu narrativa, nos atrevemos a preguntarte si vamos a ver pronto nuevas historias con nuevos PERSONAJES. Porque creemos que puedes ofrecer cosas muy interesantes. En la pregunta anterior insistíamos sobre los paisajes, los ambientes. Ahora queremos saber sobre los protagonistas de las historias que tienes en mente (o escritas en un cajón, esperando su momento).»

M: «En estos tiempos en los que se habla tanto de apropiación cultural, siempre temo que me reprochen no utilizar mi propia voz en mis relatos, sino la de otros, pero creo que tengo la obligación moral de dar voz a quienes no la tienen, bien porque ya no están, porque han sido silenciados o porque no pueden ejercerla.

Por eso me interesa tanto el papel de la mujer en la España rural de posguerra, porque salvo unas pocas privilegiadas, la mayoría de ellas pasaron sus vidas trabajando, limpiando y cuidando de otros, sin posibilidad de reivindicar un espacio propio ni físico ni intelectual. Son nuestras madres, abuelas y bisabuelas, de las que contamos anécdotas e historias curiosas en las reuniones familiares, pero hablamos muy poco en literatura. En la presentación de Alondra me preguntaron si el feminismo en la novela era intencionado y lo cierto es que no. Soy feminista y ejerzo como tal, así que es inevitable que eso impregne mi obra, pero cuando hablo de mujeres de otras épocas intento que ese aspecto esté siempre puesto en contexto. No puedo ponerle a una señora del año 37 unas gafas violetas, porque se reiría de mí en mi cara. A ella, que se levanta con el amanecer para encender el fuego y de madrugada sigue remendando calcetines y dando la vuelta a los cuellos de las camisas, que ha sobrevivido a una guerra con la única ayuda de amigas y vecinas ¿Qué le voy a enseñar yo de sororidad y feminismo?

También me interesa especialmente dar voz a personajes con discapacidad, sobre todo intelectual. Esto no es una afirmación capacitista, ya sé que muchas personas con discapacidad intelectual están perfectamente preparadas para hacerse oír literariamente si les damos la oportunidad. Pero otros muchos no. Tanto en Respira, de la antología Bajo las Aguas, como en Con nadie mejor que contigo, de Invencibles, el coprotagonista es un chico, no un niño, sino un hombre que ronda los treinta, que no puede vivir solo porque tiene necesidades especiales pero que ayuda a su cuidadora (amiga, hermana) tanto como ella a él. En la distopía que estoy escribiendo también hay un personaje TEA no verbal (Trastorno del Espectro Autista), en este caso sin discapacidad intelectual.»

R: «Para terminar, y sabiendo que la entrevista a la AUTORA hecha por internet limita la capacidad de adaptar las siguientes preguntas a tus respuestas, con la probabilidad de perder hilo en la misma, creemos que este es el momento para que nos cuentes todo aquello que nos hayamos quedado en el tintero sobre ti. Dinos que más cosas maravillosas escondes bajo tu pluma (tu teclado, más bien) y deseas contarnos para conocerte mejor.»

M: «Pues, para terminar me gustaría hablar un poco de mi relación con la fantasía, la ciencia ficción y el terror, ya que estamos charlando gracias a CYLCON.

Yo llegué “tarde” al género como lectora, en parte porque, como he dicho antes, fui una lectora precoz y en mi casa no había una gran cultura literaria, así que cuando los libros infantiles se me quedaron cortos di el salto a la planta de adultos de la biblioteca, de donde mi padre sacaba para mí novelas de Agatha Christie y clásicos de todo tipo, un poco al azar (Galdós, Dostoievski, todo muy normal a los doce años…). Creo que mi único acercamiento fue Julio Verne, a quien he vuelto a releer hace poco con bastante ilusión, y algunos clásicos de terror. Pero no fue hasta cumplidos los treinta que empecé a interesarme por la ciencia ficción o la fantasía, un poco por la curiosidad de saber qué me había perdido.

Como escritora, llegué a través de esas convocatorias de las que hablaba antes, en las que a modo de ejercicio surgieron relatos de zombis como La asombrosa fortuna de Peeter de Rijp o varias distopías, que me temo que son fruto de mi visión un poco pesimista de la vida. Todo lo que me rodea es susceptible de torcerse y acabar dando lugar a una…»

R: «Agradecemos tus respuestas, seguros de que esta entrevista, junto al resto de datos tuyos, constituye una buena ficha de autora para que los lectores aprendan a conocerte y a leerte. Mucha suerte con tu primera novela, que nos tendrás que dedicar en algún momento.»

M: «Muchísimas gracias a vosotros.»

Bibliografía clasificada y calificada según la autora:DEL GÉNERO:

Respira (2020), relato en la antología Bajo las Aguas de Ediciones Dorna (distopía).

La mujer que vino del mar (2020), relato en la antología benéfica Sueños de Aire (fantasía mitológica – bíblica). (No disponible)

El hombre hecho de estrellas (2020), relato en la antología benéfica Bajo las estrellas (fantasía histórica).

La asombrosa fortuna de Peeter de Rijp (2021), relato en Orgullo Zombi 2 (debería ser terror, pero no sé yo).

Hijas de Israel (2020), en la edición “Se armó el belén” de El ornitorrinco liberado (fantasía bíblica, si es que eso existe).

Entre hojas de tabaco (2021), en la edición Cowboys and dragons de la revista Literentropía (fantasía histórica).

Las tres vidas de Brianda (2022), relato en la antología Un mundo vuestro de Ediciones Labnar (fantasía histórica).

OTROS:

Eladia (2020) relato premiado en el concurso Historias de nuestros mayores de la web zendalibros.com

El molinero analfabeto (2021) relato finalista en el concurso Sueños de gloria de la web zendalibros.com

La fía de Wazemmes (2021), relato ganador del III Concurso de relatos sobre la minería del carbón organizado por la Asociación aragonito azul.

De piedra y humo (2020), relato en la antología benéfica Renacer. (no disponible)

Con nadie mejor que contigo (2021), relato en la antología benéfica Invencibles.

De la piel de diablo (2021), incluido en el volumen Memoria Histórica de Altavoz Cultural.

Irreductible (2021), incluido en el volumen Hijos del Karma de Altavoz Cultural.

La vía láctea (2021), relato en la antología Historias de Malasaña editada por Bala Perdida.

Náufraga de un mar de trigo (2021), relato en la antología benéfica Legado.

Hijas de los peores tiempos. ALONDRA (2022), novela editada por Fosca Networks , publicada en junio

PRÓXIMAMENTE (TODOS DEL GÉNERO):

El deshielo, relato en el volumen CYLCON I (Forastero en tierra extraña) (distopía), de la ACLFCFT (CYLCON), próximamente.

El último sacrificio de Sare, relato en la antología benéfica Hijas de Themyscira (fantasía mitológica).

Valkirias en la bahía, relato en la antología La ciudad es nuestra (fantasía urbana oscura).

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