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Programa Especial (II), un relato de Marco Granado

#altercerdiaCYLCON

PRIMERA PARTE : Programa Especial (I), un relato de Marco Granado

Sintonía y carátula: «El show de Charlize Evans». Voz del locutor: «Con todos ustedes, Charlize Evans».

CHARLIZE: Gracias por seguir con UCN Televisión. Escucharemos a nuestros invitados. La antropóloga Margaret Owen y el periodista Hugh Callaghan. Margaret, Hugh, ¿qué podéis aportarnos sobre la figura de Nat Ashas?

MARGARET: Realmente, nos hallamos ante un fenómeno mediático…

HUGH: Un psicópata.

MARGARET: No diagnosticado. Rechazó el peritaje psiquiátrico. Decía que lo más llama la atención es la planificación de todos sus pasos. Nat Ashas llevó a su Iglesia a una posición de poder en apenas tres años para luego desmantelarla de un plumazo. Nada, o casi nada, se sabe de quienes le siguieron durante este tiempo.

HUGH: Eso no es del todo cierto. Cada vez hay más testimonios de lo que ocurría bajo el control de ese loco: misas negras, drogas, violaciones en grupo…

MARGARET: Fuentes muy poco fiables. También hay quien afirma que Nat Ashas era un extraterrestre.

CHARLIZE: Pero el FBI ha identificado a muchos de sus seguidores, ¿no?

MARGARET: Ninguno de esos testimonios pudo usarse en el juicio, si bien es cierto que tampoco hicieron falta. Las declaraciones se ajustan a un patrón: asistencia a actos puntuales; como mucho, a algún viaje; algún donativo… Nadie reconoció haber sido obligado a hacer nada que no quisieran ni presenciar ningún delito. Todos volvieron a su vida anterior, ninguno estuvo en Matador.

HUGH: Por ejemplo, su concepto del sexo. ¿Cómo era esa frase que usaba? ¿Todo hombre debe ser penetrado…?

MARGARET: «El que penetra debe ser penetrado».

HUGH: O sea, que si un hombre tiene sexo con una mujer, otro hombre debe tener sexo homosexual con él al mismo tiempo. O tres hombres juntos… (hace gestos con las manos, poniendo una encima de la otra varias veces mientras pone cara de asco)

MARGARET: Nat Ashas propone que, cuando una mujer penetra o un hombre es penetrado, se modifica la estructura del poder. Por eso promueve el sexo en grupo y desprecia a la pareja. Su objetivo es la subversión de los valores tradicionales americanos: matrimonio, familia, independencia…

CHARLIZE: Perdón, pero Jessica nos pide paso desde el lugar de enterramiento de Nat Ashas. ¿Hay novedades, Jessica?

La reportera aparece en la pantalla. Ya es de noche, es difícil saber en qué parte del cementerio se encuentra. Hasta donde el foco de la cámara ilumina, se ven varias personas con camiseta y faldas claras y máscaras blancas. Algunas rodean a la reportera y llevan carteles, pintados a mano, en los que se leen frases como: «Hoy renacerá», «Dad testimonio». Cada poco, se escucha de fondo un megáfono que pide a los congregados que se vayan.

JESSICA: Hola, Charlize. Aquí, en el cementerio Joe Byrd de Hunstville, la situación se está complicando por momentos. Está llegando gente con máscaras y la misma vestimenta que usaban los participantes en la procesión de Matador. Es difícil hacer un cálculo, pero ahora podría haber aquí en torno a dos mil o tres mil personas, y cada vez vienen más. Al menos una parte de los que estaban aquí se ha unido a la multitud que rodea, ahora mismo, la lápida del Profeta del Pueblo.

CHARLIZE: Pero la gente que estaba en el cementerio iba vestida de calle…

JESSICA: Hemos podido ver a alguna persona que se ha adentrado en la oscuridad para cambiarse de ropa y volver con el atuendo de la Iglesia. El sheriff está pidiendo por megafonía que la multitud se disperse, pero nadie se va y a cada momento acuden más. Hay muy pocos agentes, insuficientes para frenar a toda la gente congregada.

CHARLIZE: Gracias otra vez, Jessica. Tengo que dejarte, aún nos falta la excelente entrevista que hiciste a Nat Ashas. Volveremos a conectar contigo antes de las nueve.

¿Esperabais algo así? (a sus contertulios)

HUGH: No de esta magnitud. Y da la impresión de que las autoridades tampoco. ¿Dónde están la Guardia Nacional, o los Rangers?

MARGARET: No sabemos si los han llamado ya. En cualquier caso, esto nos da una muestra del poder y de la organización de este grupo.

CHARLIZE: ¿Quieres decir que todo esto fue planificado por Nat Ashas?

MARGARET: Estoy segura. Recordemos las extrañas instrucciones que dio para su enterramiento. Exigió que, una vez certificada su muerte, su ataúd se sellara en presencia de su abogado y de un notario. Ese ataúd se introdujo en un sarcófago de metal, también lacrado, que se custodió hasta el cementerio para su enterramiento. Todo el proceso fue, además, grabado y difundido a través de las redes.

Sobre la pantalla aparecen imágenes del proceso.

HUGH: Nunca debió permitirse algo así. Es una invitación a que cualquier psicópata demente secuestre y asesine para conseguir sus quince minutos de gloria.

MARGARET: ¿Y no es algo que, en cierta forma, nuestra sociedad viene favoreciendo desde hace tiempo?

CHARLIZE: El tiempo corre. Antes de que volvamos al cementerio Joe Byrd de Hunstville, para asistir en directo al epílogo de este episodio, tenemos que cumplir la promesa que hicimos al comienzo de este programa. Con ustedes, la última entrevista realizada a Nathaniel Crow, alias Nat Ashas, en el corredor de la muerte.

En la pantalla, con su nombre sobreimpresionado en la parte inferior, se ve a Jessica Portman. Se encuentra en una sala frente a Nat Ashas, con grilletes en los pies y las muñecas, y encadenado a una argolla de la mesa que los separa. Un micrófono apunta al reo.

JESSICA: Estamos con Nat Ashas en la Penitenciaria Estatal de Hunstville. Esta es la entrevista que las autoridades aceptaron, por exigencia del condenado, el día antes de su ejecución.. Buenas tardes, señor Ashas.

NAT ASHAS: Llámame Nat, por favor.

JESSICA: De acuerdo, Nat. Mañana, a las nueve de la noche, será ejecutado en la silla eléctrica por el asesinato a sangre fría de dos adolescentes, Jacob Hedrick y Sophia Harring.

NAT ASHAS: El fallecimiento de Sophia pudo haberse evitado. No soy el único responsable, aunque yo empuñara el cuchillo que acabó con su vida.

JESSICA: ¿Realmente pensaba que las autoridades iban a acceder a sus demandas?

NAT ASHAS: Para serte sincero, no. Si hubiera creído que las cosas podían ocurrir de otra forma, Jacob tampoco habría muerto. Pero debía de darles la oportunidad.

JESSICA: ¿Se arrepiente de algo?

NAT ASHAS: No. Lamento el dolor de sus familias, pero de no haber sido ellos habrían sido otros los muertos, otros los padres y madres que llorasen ahora a sus hijos. Era necesario.

JESSICA: ¿Necesario para qué?

NAT ASHAS: Para enviar a la humanidad un mensaje que no pudiera ser silenciado. ¿Cuántas noticias se emiten cada día? ¿Cuántas llegan al pueblo sin ser distorsionadas, matizadas o tergiversadas por periodistas como tú?

JESSICA: Durante el juicio pudo hablar y permaneció en silencio.

NAT ASHAS: No era el momento ni el lugar. Los míos y yo ya fuimos juzgados en su día. Y seguiremos siéndolo.

JESSICA: ¿Y cuál es ese mensaje?

NAT ASHAS: La Nueva Era es inminente. Para algunos será una época de desgracia, de destrucción. Para otros, un tiempo de cambios, de superación de las normas y las estructuras que coartan al ser humano e inhiben su potencial. Cada persona es demasiado valiosa como para aceptar imposiciones, vengan estas de un marido, un jefe, un político o un millonario.

JESSICA: ¿O un padre, o una madre?

NAT ASHAS: El papel de un padre y una madre debería ser más orientar, querer y enseñar, antes que imponer. La imposición es la estrategia de los débiles.

JESSICA: Nuestra sociedad está basada en cierta jerarquía. La competitividad es uno de los pilares de nuestra cultura.

NAT ASHAS: La competitividad puede ser positiva. Bien orientada, nos lleva a esforzarnos para mejorar. Pero en otras ocasiones provoca que oprimamos a los demás con el fin de obtener mayor rentabilidad, un puesto más alto en una clasificación escolar, un coche o una casa por encima de los demás. Esa competitividad no es buena para las personas, y lo que no es bueno para las personas no puede ser bueno para una nación o una especie.

JESSICA: Sus palabras suenan más a política que a religión.

NAT ASHAS: La religión es política. Pregúntate cuantos gobernadores o presidentes han llegado a su puesto sin el apoyo de iglesias y predicadores.

JESSICA: Usted llevaba tres años difundiendo sus ideas por todo el país. Cada vez llegaba a más gente. ¿Por qué asesinar a unos niños, precisamente cuando más éxito tenía?

NAT ASHAS: Cuando la gente como tú me pregunta: «¿por qué lo hiciste, con lo bien que te iba?», me doy cuenta de que no habéis entendido lo importante. Hace dos mil quinientos años, Confucio dijo: «cuando el sabio señala a la luna, el necio mira al dedo». No quiero ofenderte, pero será más útil que atiendas al mensaje.

JESSICA: Entonces, ¿los asesinatos fueron una señal?

Se escucha la puerta de la sala.

ALGUACIL: La entrevista ha terminado.

Entran tres funcionarios de la prisión que sueltan la cadena que ata al reo a la mesa y lo levantan. Él sigue hablando mientras se lo llevan.

NAT ASHAS: Volveré a la vida pasados tres días. Esa será la verdadera señal.

JESSICA: ¿La señal de qué?

NAT ASHAS: (desde la puerta, gira la cabeza, sonríe) De la Nueva Era.

Fin del vídeo. Charlize está de pie en el escenario, al lado de su escritorio.

CHARLIZE: Faltan cinco minutos para las nueve de la noche, el momento en que Nat Ashas volverá a la vida, si hemos de creerle. Hay novedades en el cementerio Joe Byrd. Jessica, ¿qué está pasando allí?

En la pantalla aparece la reportera. Detrás de ella, hasta donde llega el foco, personas con máscaras blancas, camisetas y faldas. Hay niños agarrados a la ropa o las piernas de sus padres y madres, jóvenes, ancianos. Blancos, negros, de piel morena. Tienen los brazos enlazados entre sí, cogidos cada uno a los que están a su lado, forman una barrera humana, apelotonados, una fila tras otra aparentemente sin fin.

JESSICA: La situación aquí es muy complicada. Se ha congregado una auténtica multitud y no dejan de venir más y más gente. Como podéis ver, todos llevan el atuendo de la Iglesia de Nat Ashas. Hace poco más de cinco minutos expulsaron al sheriff y los agentes que rodeaban la lápida de su profeta y han formado un círculo impenetrable en torno suyo.

CHARLIZE: ¿Dices que han expulsado al sheriff? ¿Ha habido violencia?

JESSICA: No. Los fieles, cogidos del brazo unos a otros, empezaron a avanzar. Eran miles, todos juntos, imposible detenerlos. Hemos intentado hablar con el sheriff, pero ahora mismo está con los mandos de los rangers, supervisando la situación para actuar en caso de que esto se desmadre. Hay más de cien agentes en total, pero es de noche, apenas se ve y la multitud parece tranquila.

CHARLIZE: ¿Qué es lo que pretenden?

JESSICA: No lo sabemos. Faltan dos minutos para las nueve. Vamos a acercarnos para intentar hablar con alguno de los miembros de la Iglesia.

Camina hacia el frente humano. Los fieles permanecen agarrados los unos a los otros por los brazos, juntos. Frente a ellos, a unos metros, varios agentes de policía y rangers se mantienen expectantes. Uno impide el paso de la cámara, pero la reportera se escabulle y llega hasta la línea de fieles. Se dirige a uno cualquiera, parece una mujer blanca de mediana edad. La cámara enfoca a la reportera desde el cordón policial, hasta que le permiten el paso y puede acercarse.

JESSICA: Soy Jessica Portman, de la UCN. ¿Esperan la resurrección de Nat Ashas? (Silencio) ¿Quién los ha convocado? ¿Qué está ocurriendo junto a la lápida? (Nadie responde y la reportera se vuelve hacia la cámara) Como ven, la multitud no permite el paso ni responde a nuestras preguntas. Nadie sabe qué es lo que pasa más allá de esta barrera humana.

CHARLIZE: Jessica, nos informan nuestros compañeros de control que otras cadenas de televisión, a través de drones, están tomando imágenes de la tumba de Nat Ashas. Sus fieles han desenterrado el sarcófago de metal lacrado y lo están elevando a la superficie. No sé si podrías avanzar hasta allí.

JESSICA: Voy a intentarlo. (Se vuelve de nuevo hacia los fieles). ¿Podemos pasar? Somos de UCN Televisión. ¿Nos permiten el paso?

Se observa movimiento más allá de la fila más externa de fieles. Dos de ellos, frente a la reportera, se sueltan y muestran un pasillo humano de un metro de anchura que se abre hasta el interior.

JESSICA: Charlize, nos han abierto paso. (Entra, seguida por la cámara. El foco de esta alumbra a la reportera según avanza entre los fieles, todos con máscaras y la misma ropa. De vez en cuando se ve una cruz de piedra o una lápida en el suelo, que recuerda que siguen en el cementerio. La cámara enfoca hacia atrás un momento, a las espaldas de los fieles que vuelven a ocupar el espacio libre tan pronto pasan los reporteros. Todo está en silencio, salvo alguna voz a los lados y, más atrás, la sirena ocasional de algún coche de policía). Avanzamos entre la multitud, espero que hacia el ataúd de Nat Ashas. El sheriff y los rangers se han quedado atrás, en el cordón policial. Estas personas no parecen violentas, pero no sabemos adónde nos dirigimos.

La multitud forma un círculo de unos quince metros de diámetro en torno a la tumba. Hay filas de cruces y lápidas, con apenas un metro de separación entre ellas, y un par de árboles. Los focos de seis cámaras y un par de drones iluminan el sarcófago, junto al hoyo del que lo han extraído. Dos fieles, un hombre y una mujer, permanecen a su lado.

JESSICA: Ahí está el sarcófago de metal. Vemos compañeros de otras cadenas de televisión. (Se abre un nuevo pasillo en la pared de fieles y por él pasan dos hombres con traje). Acaban de llegar el notario que colocó los sellos y el abogado de Nat Ashas. Faltan segundos para las nueve de la noche. Nos hacen gestos para que nos acerquemos.

Unos veinte fieles se separan del grupo y forman otro círculo alrededor de la tumba, cogidos de las manos, mirándola. Permiten el paso a las cámaras, que se colocan a apenas dos metros de distancia del sarcófago, pero no a los reporteros. En el estudio, la pantalla muestra como el notario se inclina para revisar el sarcófago y asiente: «El lacrado está intacto». Los dos fieles cogen palancas para romper el sello y desvelar el ataúd de Nat Ashas.

JESSICA: (susurra) No me dejan pasar, creo que podéis ver mejor que yo lo que está ocurriendo.

La mujer con máscara frente a la reportera gira la cabeza y la chista para que calle. Solo se escuchan las palancas contra el metal y, por encima, los motores de los drones que flotan inmóviles.

CHARLIZE: Acaban de romper el sello del sarcófago. Han abierto la tapa, puede verse el ataúd. El notario acaba de confirmar que también este sello está intacto. Dentro deberá estar el cadáver de Nathaniel Crow.

HUGH: Sus seguidores van a desilusionarse mucho.

Cuatro fieles pasan cinchas por debajo del ataúd. Lo levantan sin esfuerzo, lo que provoca un murmullo de admiración entre los seguidores. «Ha resucitado», capta el micrófono de Jessica de boca de la mujer que le chistó un instante antes. La pantalla en la sala muestra la tapa que cae al suelo. Está vacío. «El Profeta ha resucitado», grita la mujer que acaba de abrir el ataúd. «Ha resucitado», se escucha desde la multitud cien veces entre risas, llantos y aplausos. Los fieles alzan sus manos, arrojan las máscaras al suelo, se abrazan. La cámara busca a la reportera, pero un muro de personas se interpone, la imagen se hace confusa por la agitación.

JESSICA: (grita, para hacerse oír) Ya lo habéis visto, el cuerpo de Nat Ashas ha desaparecido. Voy a intentar salir de aquí.

HUGH: Acabamos de presenciar un vulgar truco de magia.

CHARLIZE: Espera un momento, está pasando algo. Jessica, ¿puedes ver lo que ocurre?

Se escucha el zumbido de mil móviles a la vez. Todos los fieles sacan sus móviles y quedan en silencio. Los fieles manipulan sus aparatos para darles volumen. Suena a la vez, en cada mano, un mensaje.

NAT ASHAS: (a través de los móviles) Hermanos, estoy de nuevo entre vosotros. Hoy comienza la Nueva Era.

La cámara enfoca uno de los móviles. Se ve a Nat Ashas, a través de «NewAge», junto a su madre, sentado en un sofá. La madre le abraza y le besa, coge un ejemplar de The New York Times y lo acerca a la cámara para que se vea la portada. Es de hoy.

CHARLIZE: (la mano en el auricular de su oreja derecha) Compañeros, por favor, conseguid esa conexión.

HUGH: Está claro que es una grabación, o un doble. El último conejo sacado de la chistera del gran manipulador.

MARGARET: Sin duda. Hace un momento hablábamos de la planificación…

CHARLIZE: Perdonad, me comentan desde realización que ya podemos verlo.

Nat Ashas aparece en la pantalla, junto a su madre.

NAT ASHAS: …las elegidas, los escogidos, no lo olvidéis. Debéis acercaros al Pueblo y difundir las revelaciones que os han sido hechas. La Nueva Era ha llegado. Seréis calumniadas, perseguidos, apresadas. «El que penetra debe ser penetrado». La fe no llegará a la sociedad sin que esta penetre en vuestro cuerpo. Y lo hará con violencia, como los dioses han actuado siempre. Negarán lo que estáis viendo, lo que estáis escuchando. Me negarán a mí. Negarán esto. (Marca en un móvil y se lo acerca al oído)

CHARLIZE: Perdonad de nuevo, Jessica nos pide paso desde el cementerio Joe Byrd.

La pantalla del estudio se divide en dos. A la derecha, se mantiene la imagen de Nat Ashas, sujeta el móvil, a la espera de que le contesten; a la izquierda, la cámara en el cementerio enfoca a Jessica, en el centro de un corro formado por los fieles. Todos están en silencio, con los móviles en la mano, conectados a la red de la iglesia. Solo se escuchan las voces de otros reporteros que intentan llegar hasta allí: «Por favor, déjemme pasar», «televisión, televisión». La periodista tiene el micrófono en la mano.

JESSICA: Me están llamando. Dios mío. (Alguien parece hablarle a través de su auricular. Saca su móvil del bolsillo delantero de su pantalón). Número desconocido. ¿Sí?

NAT ASHAS: (su voz suena en el cementerio a través de los móviles de los fieles) Hola, Jessica. Soy Nat. Nos vimos hace cuatro días, ¿recuerdas?

JESSICA: No puedes ser tú. Moriste en la silla.

NAT ASHAS: Es cierto. Y he vuelto. Esta es la última, la verdadera señal. ¿Atenderás al mensaje?

JESSICA: No. No sé…

NAT ASHAS: Tómate el tiempo que necesites. Tengo que dejarte, Jessica. Fue un placer conocerte. (Corta la llamada y se dirige de nuevo a la cámara desde la que se conecta a la red). También tengo que dejaros ahora, hermanas y hermanos. Estaré siempre con vosotros y vosotras, en vuestros corazones. Cuando no me esperéis, donde haya estado, volveré. (Se inclina hacia la cámara y corta la imagen).

En el lado derecho de la pantalla se mantiene la imagen de la reportera, sin sonido, sosteniendo el móvil en la mano. Se le acercan otros periodistas, preguntan y le colocan los micrófonos frente a la boca. Ella se quita el auricular y se aleja, seguida por la cámara. Los fieles de la Iglesia la dejan paso y se interponen entre ella y los demás reporteros. La cámara enfoca al suelo y se apaga. En la pantalla del estudio aparece la carátula del programa. 

CHARLIZE: Bueno, esto no nos lo esperábamos, ¿no?

HUGH: Ha sido impactante, pero no tan sorprendente. Realmente, si piensas…

El programa seguirá durante una hora. La primera de la Nueva Era.

3 comentarios en “Programa Especial (II), un relato de Marco Granado”

  1. ¿Ya está? Jo, yo quería saber cómo había resucitado y qué pasará ahora con esto de la Nueva Era. Ha sido emocionante, desde luego.
    A todo esto, ¿la Iglesia de la Nueva Era no es un blog de cristianitos latinoamericanos que hablan de la relación entre la homosexualidad y el sobrepeso y de por qué Juego de Tronos es una mala influencia?

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    1. Creo que no he respondido.
      Gracias por tus comentarios, Kate. La historia es la que es, lo que quería contar está contado, de la mejor manera que he sabido (y perdón por las erratas, me faltó la última revisión).
      No sabía lo de esa iglesia. De todas formas, seguro que la mayoría de nombres interesantes están ya registrados…

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      1. No era una queja, pretendía más bien ser un cumplido al estilo «Quiero más», pero creo que me ha quedado un poco agresivo. Agustín Fernández Paz tuvo suerte de morirse antes de que pudiera conocerlo en persona y agitarlo de las solapas para que me dijera qué pasó realmente al final de cierto libro suyo… Lo de la Iglesia de la Nueva Era era por si acaso era un guiño o algo así, aunque creo que la filosofía de Ashas no podría ser más contraria a la suya.

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